Cuando hacemos un juicio sobre otra persona, debemos que tener cuidado. Posiblemente, lo que digamos de ella sea un reflejo de nosotros mismo. Ésa es la teoría del espejo. Shakespeare en Ricardo III, en uno de los monólogos, enfrenta al Rey al espejo, y éste sólo reconoce a su lado perverso. Mister Hyde. Freud.
El espejo es el reverso de nuestra personalidad. Reconocerse en el espejo es un acto de conciencia, pero ver el otro lado, es puramente humano. Lewis Carroll en Alicia en el País de las Maravilla o en A través del Espejo, demostró la sutilidad de la imagen que tenemos de nosotros como individuo. Hoy, la ciencia, ha demostrado que el uno por ciento de la población mundial es psicópata. Mirarse al espejo es una gran prueba. Nunca vemos lo vemos, sino lo que queremos ver.
El miedo a enfrentarnos con nuestro otro yo es el dilema que nos separa de la felicidad. Tener miedo de nuestra propia persona produce una ruptura de nuestro ser con la Naturaleza."Ser o no ser". La tragedia en sí, y Shakespeare en particular, son una fuente inagotable de preceptos psicológicos dignos para cualquier análisis de la personalidad. La profundidad de la visión humana llevada al límite de la catarsis. Y la base de todo es el miedo.
Mirarse al espejo con sinceridad puede abrirnos las puertas para entender por qué nos ocurre ciertas cosas. La fisiognómica árabe, heredada de la tradición griega, así lo creía. Nuestra imagen es el espejo del alma, y el espejo un engaño.
Nada es como se refleja, sino como es. Por ello, tenemos que ver la imagen que nos devuelve el espejo al mirarnos con cierto criterio, porque el pensamiento que tenemos de nosotros mismo probablemente sea falso. Replantearse ese criterio puede ser un gran principio para alcanzar la paz interior.
3 comentarios:
Al final de una película muy bella dice esto:
"El recuerda esa época pasada
como si mirase
a través de un cristal cubierto de polvo.
El pasado es algo que puede ver
pero no tocar.
y todo cuanto ve
está borroso y confuso".
Saludos.
NOSOTROS LOS DEMÁS Y LA FELICIDAD.
Cuando criticamos a los demás tal vez erremos en nuestros reproches concretos, pero en el fondo reprochamos a los demás ser responsables de nuestra desgracia, de nuestra infelicidad, y en eso algo de razón tenemos.
Desde que nuestros padres "nos enseñaron" que para lograr su re-conocimiento, su beneplacito, su aprobación, debiamos hacer méritos, merecerlo, ganarlo con nuestra conducta, nos rebelamos contra ello, porque nosotros "necesitabamos" ser apreciados "por nosotros mismos", "per se", sin hacer meritos.
Pero no fuimos comprendidos, y tras nuestros padres vinieron con las mismas exigencias "de hacer meritos" nuestros profesores, nuestros amigos y hasta nuestra pareja. Nadie nos ha comprendido.
Hasta que nos damos cuenta que tambien nosotros exigimos a los demás un determinado comportamiento para darles nuestro
aprecio, reconocimiento, ...
Hemos de comprender que no podemos exigir de los demás lo que tampoco nosotros sabriamos darles, el amor incondicional. Entonces estaremos en condiciones de aprender a comprendernos a nosotros mismos y entonces poder comprender a los demás.
El espejo somos nosotros de nuestra propia desgracia. Los seres humanos
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