Cuando era pequeño, tenía muchas sensaciones placenteras. Tal vez porque era un niño. Eso fue lo que siempre pensé, influenciado por las perspectivas adultas ya existentes, pero, me chocaba que hubiera personas que mantuvieran esas sensaciones después de los años. Que siempre estuvieran riendo y parecieran felices, a pesar de que la realidad no le hubiese tratado con justicia poética. Ahora, ya no pienso eso, después de haber reflexionado sobre la cuestión. Mi opinión es que todo es una cuestión de tiempo. Cuando somos mayores no tenemos tiempo para disfrutar de cosas que sí hacíamos cuando éramos pequeños. No había una presión para todo como en la vida adulta. El tiempo corría lento y cada minuto era una emoción distinta. Los días parecían eternos. En la vida adulta, el tiempo pasa rápido, sin que apenas nos demos cuenta de lo que estamos viviendo. Todo son prisas y preocupaciones ajenas a nuestros sentimientos. Con la excepción de esos siempre llamados excéntricos. Muchos adultos se refugian como lo hiciera Peter Pan. Y a nosotros nos parecen personas inmaduras. Pero después de tanto tiempo, he podido apreciar que eran todo lo contrario; son personas valientes al enfrentarse al borreguismo que inculca esta sociedad o negarse a aceptar a ciegas lo que muchos quieren establecer como norma moral o de cualquier tipo. Es absurdo, porque al final, el tiempo se agota. Nos oxidamos. Y no nos damos cuenta de que lo más importante es el tiempo. Cuando éramos pequeño no necesitábamos casi dinero para sonreír, hoy el lema es todo por la pasta. Parece como si viviéramos nuevamente la Tragicomedia de Calisto y Melibea, con la Celestina a la cabeza. Sólo con dinero para subsistir, la felicidad es alcanzable. Igual que siendo millonario o siendo pobre. Sólo hay que apreciar al maravilloso tiempo como lo que es, parte intrínseca de nuestra existencia y devenir.
1 comentarios:
EN BUSCA DEL PARISO PERDIDO. Cualquier tiempo pasado fue mejor porque nuestras vidas no han sido mas que un acumular obligaciones, condiciones, metas, ... sobre nuestro espiritu, y claro, nos vamos resintiendo, y al volver la vista..
Comentando la pelicula de Buñuel El fantasma de la libertad, hacía el siguiente paralelismo con la filosofia zen:
El surrealismo nos sugiere pensar liberándonos de cualquier control de la razón, de cualquier pre-juicio moral, de cualquier norma; y en esto recuerdan a la filosofía Zen, para los cuales, -en la creencia de la perfección de nuestra naturaleza original-, el proceso de iluminación consiste meramente en transformarnos en lo que ya somos desde un principio. Cuando se le preguntó un maestro Zen sobre buscar la naturaleza Buddha, respondió, "Es muy parecido a montar un buey en busqueda del buey."
Liberando nuestra mente del lastre que suponen los pre-juicios en los que se ha nutrido desde la infancia, volverá a experimentar la liberación del espíritu.
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