Ya estamos en otoño. Es una época de nostalgias y añoros, es deliciosa para disfrutar de sensaciones prohibidas que van saliendo como si necesitaran aparecer una vez al año por una temporada. Este es un mes para tumbarse y dejar que ciertos momentos vayan acumulándose y dando esa sensación de tristeza. La felicidad también es eso. Es como un mecanismo que nos hace recordar situaciones que nos dejaron un sabor algo amargo. Con el tiempo van suavizándose y se adhieren como nostalgia. Pero no hay que temer nada. Sólo comprender que el mundo no es perfecto y nuestra mente tampoco, y que a veces los caminos de la felicidad son extraños y confusos. No podemos estar siempre alegre y ser siempre divertidos. No podemos estar siempre en la cumbre de la cresta. Hay que bajar, pero no sufrir por ello. Sino todo lo contrario. Hay que disfrutar de los momentos, los buenos y de los malos. Ya lo sé, es algo incongruente. Cierto, pero así te vas liberando y haciendo fluir tu mente sin tenerle miedo y aprendiendo los mecanismo que utiliza para descongestionarse. De eso se trata. Otoño es una época para escuchar lastimeros fados y dejarse llevar por la poesía. No podemos ser felices sin ser "desfelices" haciendo aflorar tiempos ya casi olvidados en un rincón. Nuestra mente no olvida nada, lo transforma de la mejor forma que puede, y la nostalgia otoñal es una manera de hacernos comprender que tenemos cosas pendientes y que tenemos que darle adaptación si no queremos que nos perjudique en un futuro.
2 comentarios:
Hola amigo, mucha razón tienes... ¿hay algo mejor que disfrutar de este otoño meláncolico y verde amraillento que nos libera el alma?
Te dejo un poema al respecto:
Olvidaré las olas de la playa lejana
y las noches orondas como carpas de circo.
Olvidaré el espeso aroma del salitre
y el ostentoso yate anclado en la bahía.
Me pongo las pantuflas y vigilo ese viento
que avanza, bronco y sucio, revolviendo la calle,
derrotando las hojas, desatando las nubes,
cerrando las ventanas con barrotes de lágrimas…
Ya se instalan la ausencia y el silencio. La noche
se alarga como un manto que ensaya la caída.
La lámpara derrama una lluvia insistente
sobre la vieja noria del quehacer cotidiano.
Celebraré este otoño, pálido como el miedo,
triste como una hoguera que se apaga.
Brindaré por las rosas y entonaré bajito
una canción de cuna para las horas muertas.
Es de la escritora: Mª. PAZ DÍEZ TABOADA.
Y se titula: Celebración del otoño atribulado.
Un gran abrazo WIG!!!
HOLA LO UNICO Q QUERIA DECIRLE ERA Q ME SIENTO MUY TRISTE PORQUE NO ESCRIBIO EL 30 DE SETIEMBRE ESE ES MI CUMPLEAÑOS Y YO QUERIA VER Q PONDRIA UD Y CUAL FUE MI SORPRESA Q CUANDO ME METI UD NO HABIA ESCRITO NADA Q MALO Q ES UD
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