jueves 29 de octubre de 2009

FOMENTAR LA CURIOSIDAD

Nacemos con una sentido de la curiosidad innato, pero va deteriorándose, sobre todo en la etapa educacional, que suele fomentar todo lo contrario, e incluso anularla. Todavía, para muchos educadores, la imaginación suele ser un estorbo para el aprendizaje, y la curiosidad, si no es relacionada con lo que se aprende, tampoco. La curiosidad es un mecanismo que potencia las relaciones con el entorno y nos hace comprenderlo mejor, lo que nos ayuda a desenvolvernos con mayor fluidez en él, alejando las impresiones de desesperanza y depresión que envuelve la propia incongruencia del entorno social. La curiosidad es un elemento innato que puede ayudarnos a ser más positivo y ver las cosas de forma distinta. Creo que todo está relacionado, y la curiosidad fomenta las conexiones entre los objetos y las causas. Los primeros filósofos aprendieron sin duda de la observación de la Naturaleza y de su curioso comportamiento. Pero para algunas personas, la curiosidad es peligrosa, como para las religiones, o ciertos sectores de la política, o de la economía, etc. La curiosidad puede llevarnos a encontrar respuestas ocultas o a desenmascarar a viles mentirosos. Pero sobre todo, creo que fomentar la cusiosidad facilita una visión más optimista del mundo y de las personas. Y esto último es un grano más de arena para alcanzar felicidad.