Nacemos con una sentido de la curiosidad innato, pero va deteriorándose, sobre todo en la etapa educacional, que suele fomentar todo lo contrario, e incluso anularla. Todavía, para muchos educadores, la imaginación suele ser un estorbo para el aprendizaje, y la curiosidad, si no es relacionada con lo que se aprende, tampoco. La curiosidad es un mecanismo que potencia las relaciones con el entorno y nos hace comprenderlo mejor, lo que nos ayuda a desenvolvernos con mayor fluidez en él, alejando las impresiones de desesperanza y depresión que envuelve la propia incongruencia del entorno social. La curiosidad es un elemento innato que puede ayudarnos a ser más positivo y ver las cosas de forma distinta. Creo que todo está relacionado, y la curiosidad fomenta las conexiones entre los objetos y las causas. Los primeros filósofos aprendieron sin duda de la observación de la Naturaleza y de su curioso comportamiento. Pero para algunas personas, la curiosidad es peligrosa, como para las religiones, o ciertos sectores de la política, o de la economía, etc. La curiosidad puede llevarnos a encontrar respuestas ocultas o a desenmascarar a viles mentirosos. Pero sobre todo, creo que fomentar la cusiosidad facilita una visión más optimista del mundo y de las personas. Y esto último es un grano más de arena para alcanzar felicidad.
jueves 29 de octubre de 2009
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