Siempre me ha fascinado el tema de la intuición. Siempre he creído que es un procesamiento analítico que nada tiene que ver con la suerte o la magia. Algunos creen que la intuición se da más en la infancia y es algo innato, mientras que otros, creen que se desarrolla más en la edad adulta y que está relacionada con la experiencia. Para mí, ambos tienen razón, aunque relativa, puesto que se refieren a dos tipos de intuición o procesos lógicos y analíticos de distinta índole. La intuición de la infancia está relacionada con el uso mayoritario del cerebro derecho, que va desapareciendo al cambiar la mentalidad lógica del niño con la edad. Y lo normal es que este tipo de intuición innata quede en un segundo plano al ir creciendo el uso del cerebro izquierdo que va dominando los procesos lógicos comunes y matemáticos, entre otros valores. Cuando somos adultos la intuición innata se mezcla con una intuición apreciativa que tiene su fuente en la experiencia. De esta forma, intuición innata e intuición experimentada forman una única concepción de un proceso lógico-abstracto en milésimas de segundo, que a veces, incluso, puede salvarnos la vida. Así pues, los métodos para desarrollar la intuición difieren dependiendo de las tendencias mencionadas, lo cual dificulta en sí una apreciación real de los beneficios de poder entender y expandir una forma de análisis tan impresionante (desde mi punto vista, claro).
Hoy en día hay estudios científicos fiables sobre el tema de la intuición y mencionaré el de Gerd Gingerenzer "Decisiones instintivas" por el enfoque más en la línea de mi concepción del concepto de intuición, relegado a lo largo de la historia a procesos mágicos o a la fisionómica del espíritu de la mujer, y a pesar de ello, sigue sin haber métodos realmente eficaces para potenciar la intuición.
Pero, observando a las personas que poseen una gran experiencia de la vida y que han conseguido procesar ese conocimiento interiormente, puesto que la experiencia por sí sola no te asegura que seas intuitivo, me di cuenta de algo que me da resultado. Es lo que llamo la teoría del contorno. Elegí esta palabra porque quería diferenciarlo del concepto entorno. Ya expliqué alguna vez que ninguna palabra es sinónima a otra desde un punto de vista psicológico y emocional, en el que toda palabra tiene su propio valor. Semántica y léxicamente pueden considerarse los sinónimos como tales, pero en el lenguaje emocional no existen reglas tan lógicas y estrictas, o al menos tan estructurales al respecto de la semántica, la lexicografía, la sintaxis o la morfología lingüística. Continuará....






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