Muchos piensan que vivir es igual a cambio. Pero, la palabra cambio no es la exacta. La vida es dinámica, llenas de movimiento, pero no necesariamente asimilado al cambio. Ser consciente de cada momento, de su parte positiva y su parte menos positiva, nos hace reflexionar en qué dirección debemos dirigir los cambios. Aquietar los deseos, por así decirlo, es lo que muchas religiones reclaman como panacea para ser feliz, pero, no hay que ser religioso para tener conciencia de cada instante. Por otro lado, esta premisa fue, en una exagerada interpretación, la que desembocó en el "carpe diem", y que curiosamente, siempre ha ido asociado a un auge humanista y cambiante socialmente hablando. No se trata de disfrutar el presente a través de los deseos, a la forma epicúrea, sino más bien de no proyectarse en el futuro constantemente para fraguar la felicidad, puesto que ésta última es fruto del presente, aunque, sin la reflexión y conciencia adecuada, suela pasar de largo como el tren que en los sueños se aleja representando nuestras más profundas neurosis. Todo empieza en el presente, aunque durante muchas décadas se pensó que era el pasado el que regía nuestra vida presente y nuestro futuro, idea que aportaron las grandes teorías de la filosofía y la psicología moderna. La vida es una rueda temporal que nunca se detiene, y da la sensación de que se nos escapa la felicidad día tras día, y es precisamente, porque no nos detenemos en apreciar el propio presente. Porque nos daríamos cuenta de que no necesitamos más cosas de la que tenemos en cierto instante, y nos ahorraría equivocarnos intentando encontrar la felicidad en un lugar que resulta que está vacío. Es como decir que no hay que salirse del camino para entrar en una vereda incierta.
sábado 7 de noviembre de 2009
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1 comentarios:
No hay camino a la felicidad, la felicidad es el camino. gracias. Un abrazo.
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