viernes, 5 de marzo de 2010

LA LÓGICA ERRÓNEA SUBJETIVA

Existe una lógica subjetiva, es decir, inducida por asimilación de ideas, y generalmente suele inducir a errores de análisis. Así, solemos asociar una parte de un hecho por el todo, y viceversa, el todo por una parte. Es una asociación lógica sinonímica. Ya he escrito sobre la importancia de lenguaje, y una vez más, el estudio de lenguaje nos enseña sobre los procesos lógicos. El lenguaje encierra una gran sabiduría lógica en sus entrañas. Cuando se nos enseña los resultados de un análisis por partes, solemos asociar el análisis como conjunto, y esto es un error lógico, puesto que el análisis del conjunto puede expresar resultados totalmente opuestos o diferentes al análisis de una parte. De igual manera, podríamos establecer asociacíaciones lógicas metafóricas, o asociaciadas al simil o la comparación. Sí, son todos conceptos lingüísticos. Sin embargo, estos errores son más comunes de lo que parece, y la relación con la felicidad se establece en que ésta parece que tiene relación con un procesamiento lógico de los hechos y de las actuaciones de nuestro entorno cotidiano, y si ese procesamiento es erróneo, por ende, el resultado raramente puede ser una felicidad bien arraigada, sino más bien un espejismo de felicidad. La idea de los campos semánticos puso de relieve la importancia subjetiva del análisis lingüístico, y por extensión, de lós propios procesos de análisis de la información. Y la feficidad, tiene un poco de esto, de análisis de información. Como ven, la felicidad da para mucho, incluso para apreciar la necesidad de entender profundamente el lenguaje, puesto que éste puede ser una vía indiscutible para establecer un conocimiento objetivo de la propia idea de felicidad.

1 comentarios:

Tita la mas bonita dijo...

El leguaje es una formula mágica para crear nuestra felicidad; pues el lenguaje expresa la energía en los actos mágicos cotidianos, sin tener que recurrir a la recolección de lamentos. Necesitamos pensamientos positivos, sintonía entre el pensar, sentir, hacer para que el lenguaje sea cómplice perpetuo de la felicidad.