sábado 27 de febrero de 2010

EN LA NIEBLA Y LOBO ESTEPARIO

EN LA NIEBBLA
¡Qué extraño es vagar en la niebla! En soledad piedras y sotos. No ve el árbol los otros árboles. Cada uno está solo. Lleno estaba el mundo de amigos cuando aún mi cielo era hermoso. Al caer ahora la niebla los ha borrado a todos. ¡Qué extraño es vagar en la niebla! Ningún hombre conoce al otro. Vida y soledad se confunden. Cada uno está solo.
LOBO ESTEPARIO
Yo, lobo estepario, troto y troto, la nieve cubre el mundo, el cuervo aletea desde el abedul, pero nunca una liebre, nunca un ciervo. ¡Amo tanto a los ciervos! ¡Ah, si encontrase alguno! Lo apresaría entre mis dientes y mis patas, eso es lo más hermoso que imagino. Para los afectivos tendría buen corazón,devoraría hasta el fondo de sus tiernos perniles, bebería hasta hartarme de su sangre rojiza, y luego aullaría toda la noche, solitario. Hasta con una liebre me conformaría. El sabor de su cálida carne es tan dulce de noche. ¿Acaso todo, todo lo que pueda alegrar una pizca la vida está lejos de mí? El pelo de mi cola tiene ya un color gris, apenas puedo ver con cierta claridad, y hace años que murió mi compañera. Ahora troto y sueño con ciervos, troto y sueño con liebres, oigo soplar el viento en noches invernales, calmo con nieve mi garganta ardiente, llevo al diablo hasta mi pobre alma.
HERMANN HESSE Trad. Andrés Holguín

miércoles 24 de febrero de 2010

LA MENTALIDAD

En neurología la mente es el cerebro en acción. El cerebro es un músculo. Entonces, y por lo tanto, un músculo se puede ejercitar. Y así, la mente, como consecuencia, se ejercita. Si seguimos con las premisas, y entendemos que la felicidad se encuentra en la mente, en la acción que parte del cerebro, la felicidad también se puede ejercitar, y tiene su trasfondo en la propia mentalidad. El eterno problema es ¿cómo? ¿Si hacemos ejercicios que estimulen el cerebro, se estimulará igualmente la felicidad? ¿La felicidad es una simple cuestión de inteligencia? (aunque en este punto deberíamos ser muy precisos en definir el término inteligencia, algo realmente complicado). No creo que siendo más inteligente seamos por consecuencia más felices. ¿Por tanto? Si lo supiera no habría necesidad de escribir estos post, simplemente daría la fórmula. Para muchos, este es el engorro, que no haya una fórmula magistral que nos ahorre tener que indagar; para otros la felicidad es una cuestión de tiempo, que surge como pregunta transcendental e investigación cuando el ser humano supera la barrera de la simple supervivencia. Para mí, la felicidad es una cuestión de mentalidad, es una cuestión de redireccionar las acciones del cerebro hacia un pensamiento concreto. El cerebro es una parte física y la mente es un producto espiritual. Y la felicidad está en la interacción de ambas partes. Para muchos es a través de la meditación como se interaccionan estos dos aspectos del Hombre, la materia y la sustancia; otros hablan de ciencias, una ciencia empírica, externa, y otra espiritual, interna. O de consciente y subconsciente. Piensen lo que piensen, el equilibrio es la clave, la interacción de ambas partes. Y esa interacción es la mentalidad.

lunes 15 de febrero de 2010

PIENSA MAL Y...ERRARÁS.

La experiencia es engañosa, y tal vez por eso, el dicho que se menciona en el título tiene cierta consistencia. En muchas ocasiones, ha venido al dedo para determinar la actitud y el interés que desarrollan ciertas personas a relacionarse con nosotros u otras personas. En cierto modo, tampoco hay que descartar que las relaciones se establecen por intereses comunes, pero me refiero a cuando la relación busca un interés más personal que común. No me dirán que esto ocurre mucho más a menudo de lo que desearíamos. La cuestión está en que a posteriori, "piensa mal y acertarás" nos encaja casi perfectamente cuando ya se han desarrollado los hechos que han desencadenado una frustrante y desilusionante relación personal. Cuando se sucede varias relaciones erráticas, nuestra cerebro nos alecciona sobre el peligro emocional (para el cerebro, claro) de caer constantemente en lo mismo. Así que, como solución, nos hace usar el pensar mal a priori para no complicarnos la vida emocional. Antes he puesto entre paréntesis "para el cerebro" porque en realidad esta forma de actuar es un error emocional a largo plazo, si bien a corto plazo parece funcionar; y por lo tanto, nos aleja un poco de poder ser felices, si entendemos que la felicidad se basa en una especie de salud emocional. El error (supongo que lo habrán deducido) está en que el planteamiento rompe con una lógica evidente, y es que no se pueden usar planteamientos a posteriori para enjuciar procesos a priori. Es decir, que partimos de un planteamiento equívoco de análisis emocional, lo cual, nos lleva a una resolución emocional final totalmente falsa. A largo plazo se crea un análisis automático de actuación amocional que es también falso, y finalmente, ese automatismo forma parte de nuestra actitud amocional, pero como verán, también es falsa, y por tanto, nociva emocionalmente. La lógica nos indicaría que debemos pensar siempre bien, a priori, y después, si cabe, pensar mal. Claro que, la lógica, no se refiere al esfuerzo que ha de realizar cerebro para afrontar el miedo que esto produce, la inseguridad, etc, etc. Por eso es más fácil para el subconsciente asumir perspectivas erróneas de análisis emocional y enjuiciar de forma generalista todas las circunstancias emocionales con el mismo patrón. Pero tenemos que aprender que la felicidad está formada por un esfuerzo emocional enjuicidado particularmente a cada caso, porque cada situación emocional es distinta, aunque aparentemente, o efectivamente, puedan llevar a la misma conclusión. Por tanto, "piensa bien, y acertarás". Pensar mal ya llegará.

sábado 13 de febrero de 2010

NO PUEDES ENFADARTE SI...

...Te hacen lo mismo que haces tú. En muchas ocasiones no nos damos cuenta de cómo actuamos en relación a las personas que nos rodean, porque es algo innato, y porque nuestra personalidad está definida por la experiencia y las influencia de los años y de nuestras relaciones emocionales con otras personas. Esta personalidad está arraigada y es el resultado de un reforzamiento de actitudes que nos hace mostrarnos al exterior, y está tan interiorizada que resulta difícil comprender que se puede cambiar. La cuestión es que si algún momento en tu relación emocional o social con otra persona te sienta mal algo que se hace o dice, no deberías enfadarte por ello, pues, es probable que te esté enseñando algo de ti que tu cerebro no quiere aceptar porque afectaría a toda esa estructura de conexiones cerebrales que conforman nuestra personalidad, puesto que ésta simplemente es eso, una estructura de conexiones neuronales. Y el cerebro es, podríamos decir, vago por naturaleza. Se comporta como el noventa por ciento de los niños: caprichosos. Buscando siempre su interés emocional, aunque sea, el del niño, un interés básico comparado con el del individuo adulto. Pero resulta más nocivo enfadarte por hechos o palabras, o formas de actuar, si además son los hechos o palabras o formas de actuar que también parten de ti a la hora de relacionarte con otras personas. Porque entonces te están descubriendo, y en cierto modo, parece que te están tomando el pelo. Y la cuestión es que nos creemos más listos e inteligente, en principio, que los demás, y nuestra personalidad, creemos, es el resultado de esa inteligencia sobre los demás. Pero la realidad es que simplemente "creemos" eso porque nos lo hace creer nuestro cerebro. Así que enfadarte no te va a acercar a la felicidad, sino que te aleja de ella, porque en cierto modo, parece ser que cuanto más relaciones emocionales positivas y sociales tenemos, más sensación de felicidad se nos da. Y la felicidad es en cierto modo un estado sensorial que nos influye mentalmente de una forma positiva a la hora de mirar el mundo que nos rodea. No puedes enfadarte si alguien te da a entender que ya es hora de evolucionar.

lunes 8 de febrero de 2010

EL LÓBULO FRONTAL

El lóbulo frontal fue la zona cerebral que se desarrolló más tardíamente en la evolución humana. Y tiene una capacidad mucho más grande en relación a los demás animales. En esta zona es donde se ha reconocido científicamente que reside lo que denominamos conciencia, entendida en su vasta extensión, así como los sentimientos, las emociones y todo lo relacionado. Acá, en esta zona del cerebro, es dónde se establece que también habita la felicidad y todas sus dimensiones. Muchos estudios se refieren a esta zona como la determinante para entender por qué somos como somos y nuestras diferencias con las demás especies. En unos estudios recientes se estableció al hombre más feliz del mundo (ya menciondo en un post anterior) al que activaba con mayor energía esta zona. La cuestión es que esta parte cerebral (desterrando la idea hasta hace poco vigente de que el cerebro es inadaptable), gracias a la desmostración de la idea de neuroplasticidad, es decir, la capacidad del cerebro para replantearse sus funciones, se puede potenciar y desarrollar. La idea es que si esto es posible, el concepto de felicidad también es desarrollable. Muchos de mis post van en esa línea, en comprender que la felicidad parte de nuestra propia actitud. El hábito, entendido como apariencia, no hace al monje, pero la actitud de un monje crea a un monje. Igualmente, sin perder la perspectiva, y partiendo del principio de adaptación cerebral, la felicidad necesita un entrenamiento constante, porque si no, se estancaría, o lo que sería peor, se atrofiaría, y de ahí nacerían conflictos emocionales que podrían llegar a ser irreparables. La felicidad está en movimiento constante y de ahí su difícil interpretación racional y comprensión espacial. Se nos abre una nueva dimensión del concepto de felicidad y la de la forma de conseguir ese estado de conciencia interna.

viernes 5 de febrero de 2010

LA MENTALIDAD COLECTIVA

Comprender que hay una mentalidad colectiva, cómo funciona a grandes rasgos o profundamente, y saber que es diferente a nuestra propia mentalidad o a una mentalidad individual, nos puede ayudar a resolver nuestros conflictos emocionales y acercarnos a algo más a la felicidad. Hay que entender que ésta no parte de la mentalidad colectiva, sino de la individual, pero nuestra educación y la propia sociedad y sus intereses mediáticos, económicos, políticos, sociales, religiosos, sexuales, etc, etc... hacen que ambas mentalidades se confundan, y, más a menudo de lo que cabría esperar, que se fundan de tal manera que criterios creados al amparo de una mentalidad colectiva nos parezcan que son individuales, creadas por nosotros. La mentalidad colectiva es la reacción de un conjunto de ideas y pensamientos nacidos de varias personas en relación a una respuesta ante un problema dado. Este proceso es una reacción encadenada que está influenciada por el interés. Sin embargo, esos criterios colectivos están dirigidos por representantes que, curiosamente, persiguen un interés particular o individual. Navegar por estos vericuetos llenos de trampas emocionales y psicológicas es lo que sería la habilidad social. El problema es que si confudimos lo que es un pensamiento colectivo con un pensamiento individual, nacido de nosotros mismos, sólo aspiraremos a una felicidad falseada y llenas de contradicciones, puesto que la mentalidad colectiva no es precisamente un alarde de pensamiento lógico ni democrático, sino más bien egoísta y no poco racista. Aceptar una idea de felicidad colectiva como idea de felicidad individual, la nuestra, ya pueden imaginar a donde nos lleva. La felicidad únicamente puede llegar de una inteligencia individual independiente. Pero es difícil desligar la mentalidad colectiva de la individual, porque desde pequeño nos van inculcando conceptos que se nos fijan como apropiados para alcanzar la felicidad. Con el tiempo nos vamos sacudiendo esa losa, pero no siempre es así. Y esa losa es pesada, y por qué no, puede llevarnos a la tumba. Nuestro éxito surge de la complejidad de las habilidades sociales y sus entramados de intereses, pero no nos lleva a la felicidad sino al poder, y confundir ambos conceptos sería una estupidez emocional de envergadura.

miércoles 3 de febrero de 2010

LOS TEMAS SIN CERRAR

Los temas emocionales sin cerrar producen heridas, y muchas veces profundas, tan hondas que llegan al corazón. Como en los relatos de terror, las heridas profundas nos llevan a caminos inhóspitos que al franquearlos nos encierran en la locura. Dicen que el tiempo lo cura todo, pero es "el consuelo del tonto", porque sí que es verdad que el tiempo disminuye el dolor que producen las heridas emocionales, pero no hay ninguna cura, sino vivir con ellas. No son como las heridas de guerra que el tiempo las enseña como un alarde de lucha y superación personal ante el peligro. Las heridas emocionales son para siempre, y aunque nuestro cerebro intenta engañarnos para salir adelante, no hay agua oxigenada que las cure. Y nuestra existencia está llena de temas sin cerrar olvidados por el cerebro para que no interfiera en nuestra vida presente y futura, pero a nadie se le escapa que nuestra mente y nuestra conciencia no son ilimitadas, y cuando esas heridas se superponen nuestra emocionabilidad se va desligando de la realidad y los criterios de valoración sociales se van enturbiando y nos van alejando cada vez más de alcanzar cierto grado de felicidad. Por eso la felicidad se convierte en una especie de ventilación de esos temas sin cerrar aprisionados en nuestra mente. Aprender a abrir salidas para esos escollos emocionales nos permite ir dejando paso, aún en la nostalgia o en el suave dolor del recuerdo, para poder avanzar y no quedarnos bloqueados y prisioneros de un subconsciente antropológico que sólo busca la supervivencia física aún a costa de nuestra salud mental.