Dentro del entramado de las relaciones sociales humanas, el discurso fácil es inevitable. En el entresijo de las alianzas de los intereses comunes de las personas vamos acumulando ideas preconcebidas e inducidas por terceros poderes que, a pesar de tener un base lógica, están totalmente alejadas de la realidad particular, es decir, que a veces no reflexionamos sobre la procedencia de nuestros conceptos y asumimos lo que más fácil nos viene de pensar, y así juzgamos influenciados y manipulados por criterios interesados. Pero, esos discursos fáciles nos crean realidades falsas y nos inculcan pensamientos frustrantes. Cuando nos sentimos seguros creemos que podemos juzgar las actuaciones de los demás a la ligera, así por ejemplo si hemos aprobado una oposiciones podemos creer que los demás es que no han estudiado, o si tenemos a nuestra madre enferma y tardan en el hospital en atendernos, es que los enfermeros y los médicos son unos vagos porque son de la pública, y llegamos a pensar que la privada lo haría mejor. Sin embargo, esta manera de pensar tan global y fácil nos bloquea la mente y va creando relaciones cada vez más peligrosas y falsas, como que los inmigrantes son el problema de la crisis o con que en otros tiempos se vivía mejor, etc, etc, etc. El ser humano como masa social tiene un pensamiento lleno de vanalidades basado en los intereses del poder. Creemos que la justicia es lo que nos interesa y afecta. No estamos libre ninguno de sospecha. Es imposible, aunque reflexionar un poco antes de decir o expresar consejos o sentencias frívolas sobre los demás, tal vez, nos haría pensar que la felicidad no tiene nada que ver con nuestras convicciones ni nuestros ideales morales y éticos, puesto que éstos suelen estar contaminados por la convencionalidad social.
Buscar la felicidad es un árido camino lleno de obstáculos.La mayoría de ellos se hayan en nosotros mismos.
domingo 25 de abril de 2010
domingo 18 de abril de 2010
EL TALENTO EMOCIONAL
Un filósofo ya hace muchos siglos dijo: "Yo soy yo más mis circunstancias". Lo habrán leído o escuchado alguna vez, seguro. Con los siglos, esta frase tan aparentemente simplona llegó al pensamiento del determinismo, en todas sus extensiones, o sea, determinismo psicológico, filosófico, ambiental, natural, etc, etc., y por supuesto, al emocional. Así la combinación entre lo innato y las circunstancias moldea nuestra perspectiva sentimental y emocional, cosa que ocurre, al parecer, durante los cuatro primeros años de nuestra vida. Si esa combinación en la infancia se estructura de una forma coherente y de algún modo positiva, es cuando surge lo que llamo el talento emocional, que dirigirá nuestros actos inconscientes durante el resto de nuestra vida. Indudablemente, cuando el filósofo pronunció aquella sentencia, apenas se sabía casi nada del funcionamiento de cerebro, pero aún así intuyó una premisa universal. Eso es talento, aunque no emocional, claro. Este último es una capacidad que no tiene que ver con la inteligencia, la lógica o el conocimiento, sino con el afecto recibido y la lucha natural por la supervivencia. Pensemos por ejemplo el éxito de los Espartanos en la antigüedad, que se basaba precisamente en el entrenamiento desde la infancia de la frialdad afectiva con el fin de crear grandes soldados y guerreros, que durante muchos años dominaron las polis de Grecia. De todo esto, la consecuencia inmediata es que el entrenamiento emocional marca nuestras vidas, y sinceramente, aunque se haya descubierto que el "corpus sentimental" se gesta en los primeros años de la infancia, estoy convencido que puede cambiarse en la edad adulta, ahora, claro está, con un entrenamiento disciplinario y la voluntad de querer conseguirlo. Recuerden lo de la plasticidad del cerebro, y ¿qué son si no, las emociones? Un entramado de neuronas funcionales. Así que "yo soy yo más mi capacidad plástica cerebral", esto es, mi capacidad de querer moldear mi cerebro.
ELEGIR FELIZMENTE
Haciendo un breve repaso de las decisiones que han marcado mi rumbo en esta jungla de asfalto, por decirlo con una expresión manía y recurrente, me doy cuenta de que las decisiones más placenteras y que duraron más en el tiempo, fueron tomadas de una forma intuitiva, lejos de las enmarañadas de la lógica. En muchas de ellas era simplemente un por qué sin justificación lógica, sin un apoyo racional que pudiera definir la decisión final. Aunque la redacción parece un poco trágica no se asemeja a la realidad, puesto que no todas las decisiones eran cruciales, pero si trajeron en el tiempo una satisfacción personal natural. Sí, hay satisfacciones personales forzadas, que creemos son las que nos harán sentirnos más feliz, pero no necesariamente, es más, pueden ser incluso causantes de infelicidad. Tenemos que entender que la felicidad es una especie de ente inalcanzable, y ahí está su magnetismo para la vida, puesto que está relacionado con la lucha personal y natural. En otros tiempo la felicidad podía significar honor o gloria, o poder, o conocimiento, etc. Básicamente, estos parámetros ancestrales siguen vigentes, pero ahora sabemos que son un simple espejismo basado en una lógica racional que no entiende de sentimientos ni emociones. Cuanto más desarrollamos nuestra intuición, entendida como un proceso de inteligencia distinto al racional, mejor decisiones emocionales tomamos, porque nuestra intuición es una inteligencia experimental, basada en procesos emocionales y sentimentales, aunque muchas veces parezcan irracionales. La diferencia se aprecia en que la intuición no calcula matemáticamente, sino por inercia experimental, y reacciona bajo estos criterios. No le importa si sus conclusiones pueden o no ser constatadas por un criterio racional. Todos hemos tenido esas intuiciones. No la perdamos, es más, tengámosla en más consideración a la hora de decidir diariamente en cuestiones relacionadas con nuestros deseos internos.
lunes 12 de abril de 2010
SOBRE LA SATISFACCIÓN
Un viejo filósofo antiguo expresó que la insatisfacción era un mal para el espíritu. También decía que la desidia también lo era. Si juntamos las dos cosas, tenemos la televisión. Da pena verla. Y ¡por dios! No se paren a ver las noticias. Deprimente. Es curioso, pero cuanto más desarrolladas y con mayor nivel de bienestar tiene una sociedad, más índice de suicidio hay. ¿Adivinan cuál es el país que más acciones de autolisis tienen? Sí, acertaron: Japón. ¿Y después? Noruega. En España, uno de cada tres sufre estrés. La solución que dan es que aprendan a relajarse. Bueno eso sólo ataca a los síntomas. Y esto sólo persigue que esas personas estresadas no afecten a los procesos productivos de una sociedad que genera ese estrés. Todo da vueltas sobre las consecuencias sociales que generan estas personas, como la abstención laboral, la automedicación, ingesta y el gasto farmacéutico en antidepresivos y demás. Es obvio que esto no es una cura, pero cuando hablan de ir a por ella, dirigen sus miradas hacia la aceptación del problema. Y ahí suponen que está la raíz, en el problema. Pero un problema es algo intangible para el noventa y nueve por ciento de las personas de a pie. ¡Díganme algo tangigle, por favor! Es una expresión, no sufro ningún grado de estrés. A veces de ansiedad, si cabe. Pero la cuestión está en la insatisfacción y la "panolia" (no existe tal palabra en el diccionario, y debería hacer referencia a la desidia estúpida por falta de reflexión) en la que el sistema nos tiene inmerso, como hipnotizados. Los otros días, así de pasada, no sé en dónde, escuché que se celebra un congreso de trabajos alternativos que realizan ciertas personas que cambiaron su trabajo para dedicarse a menesteres más satisfactorios para su persona. Cambiaron trabajos, algunos muy bien remunerados, para dedicarse a hacer pan, cultivar productos naturales, construir artesanías, etc. Todos estaban insatisfechos con su vida, se dieron cuenta, y tuvieron valor para cambiar, tomando el camino erasmista hacia la paz interior, la vuelta a la Naturaleza.
Ahí está la raíz del problema, la insatisfacción es un factor inherente hacia el estrés. La sociedad nos inculca valores contrarios a nuestra satisfacción personal para alcanzar mayor productividad social. Darse un respiro y reflexionar sobre lo que un viejo y antiguo filósofo ya comprendió, es sin duda, un gran paso hacia la felicidad.
martes 6 de abril de 2010
TODO PARECE ENCAJAR
Ha comenzado la primavera y parece que me altera el tiempo del que dispongo. Ya lo intuía, claro, pero no deja de ser un paradoja que lo que uno intuye se vaya cumpliendo. La salida del Sol después de un invierno algo atípico conlleva nuevas emociones que estaban ahí latentes, esperando. Ya se dislumbra como los días con más luz solar va haciendo mella en los deseos de disfrutar de la calle y terrazas. Y van surgiendo respuestas a viejas preguntas que van torneando una nueva estrategia de futuro. Todo parece ir encajando con la entrada de la primavera, y tal vez sea casualidad, pero, seamos románticos por un momento y creamos que la Naturaleza rige el ritmo de la vida y de todos sus propósitos como si fuera una versión más de un Dios o de muchos dioses. Pensemos que "todo parece encajar" por un instante y alejémosnos de nuestros demonios y fantasmas. Pensemos que El Azar, o como los llamaban los antiguo, El Sino o La Fortuna son personas que anhelan ver florecer la Naturaleza. Recordemos las fiestas báquicas o dionisiacas de las que surgieron la más pura Comedia. Así me siento yo, capitaneando un bajel pirata y creyendo que la felicidad puede definirse y encontrarse, como si esa fuera la única respuesta. A veces, todo va moldeando en el tiempo nuevas expectativas. A veces, todo parece encajar... pensémoslo por un momento. Eso también es felicidad.
jueves 1 de abril de 2010
EL CONCEPTO DE LA TRANSFERENCIA
Había una creencia filosófica que inculcaba la idea de que todas las cosas, naturales o no, tienen alma, incluso, las inermes. Claro está, no hablaba de alma con la semántica religiosa, sino asimilando por extensión el concepto a la energía que desprende la naturaleza en sí misma y que se transmite en toda ella de forma constante, mutando de un cuerpo a otro. Creo que recordarán aquello de que la energía ni se crea ni se destruye, simplemente, se transforma. Pues esta es la idea básica. El concepto de transferencia está referido a la capacidad de transmisión de la energía o del alma del objeto o sujeto. Todo tiene una transferencia, y de ahí nacen ideas que llevarán a una definición de la belleza como elemento estético, y nos recuerda un poco aquello del mundo de las ideas de Platón, que por cierto disertó sobre la belleza en la República, si mal no recuerdo. También recuerda a Plotino, y a la Ciudad de Dios de San Agutín. Esta concepción de transferencia también sirve para la expresión de la felicidad, puesto que ésta, sin duda, se transmite y se contagia como ya habrán comprobado. La creencia filosófica de la que hablo prestaba especial atención al entrenamiento de la observación, que hoy en día sabemos estimula todas las partes del cerebro. Cuando más conocemos sobre el pensamiento antiguo, más nos asombramos de su capacidad de intuición intelectual. Nunca se debió de dejar de aprender filosofía, puesto que muchos preceptos milenarios parecen darnos claves, salvando las distancias, para vivir mejor emocionalmente en nuestros días.
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