Parece que voy como la crisis, lentamente superando los impedimentos. No escribo tan a menudo como antes, pero es cuestión de tiempo. Esa es la realidad. El tiempo, siempre el tiempo. Hay muchas cosas en las que detenerse, y no puede ser, porque si te entretienes con cada perro que encuentras en el camino, no avanzas, Y hay muchos perros, por no decir camaleones. Sin embargo, es únicamente una excusa, porque ¿nunca han tenido la sensanción de que las circunstancias y las ideas evolucionan, en muchas ocasiones, de una forma muy lenta y desesperante? Es como si fueras en barco velero y quisieras que fuera raudo y veloz, y no tienes viento para ello. Y el tiempo, siempre el tiempo, pasa, pasa, y tengo la sensación de que no avanzo en mi propósito. Sé que sí, pero... En fin, esa es la realidad. Por otro lado, estoy convencido de que la felicidad es fluctuante y proporcional a los altibajos circunstanciales, cotidianos y convencionales. La calma total de viento no puede ser perenne, y tarde o temprano surgirá nuevamente, aunque sea tempestuoso. No hay que tener miedo ni a la calma ni a la tempestad, porque son parte de la Naturaleza, y esa es otra realidad. Si no supiera por qué empecé todo esto, tal vez hubiera abandonado ya el barco. Cuando pasa el tiempo, siempre el tiempo, es absolutamente necesario recordar por qué estamos aquí.
Buscar la felicidad es un árido camino lleno de obstáculos.La mayoría de ellos se hayan en nosotros mismos.
jueves 27 de mayo de 2010
jueves 20 de mayo de 2010
CUESTIÓN DE PERCEPCIÓN
La consecuencia que he comprendido a lo largo todo los post publicados hasta ahora me llevan a la misma conclusión, que la felicidad tiene una gran base de percepción. Y ésta se puede desarrollar. De hecho cuando se estimula la percepción el cerebro trabaja todas las zonas cerebrales. Por otro lado, también estoy convencido de que el talento, expresado bajo la idea siempre expuesta de que es un sistema de comprensión inteligente de la información distinta a la lógica, tiene relación con la percepción y análisis, ya sea particular o general, de los hechos cotidianos. De esto deberíamos concluir que la felicidad tiene que ver algo con el talento, o viceversa (en este punto no estoy seguro de que haya propiedad conmutativa). Entender, entonces, como funciona nuestra percepción y expandirla, algo que tiene algo que ver con lo muchos llaman "abrir la mente", puede hacernos comprender mejor como funcionan los mecanismos de la felicidad. Trabajaré sobre estas cuestiones e intentaré centrar estas ideas, porque tal vez me lleven a algún recóndito paraíso interior.
martes 18 de mayo de 2010
CAMBIAR DE RUMBO
Reconocer cuando hay que cambiar de rumbo y variar el camino es importante si uno no quiere estancarse y atenerse a la consecuencias que ello conlleva. La felicidad, como hemos aprendido, no es algo estático ni inmutable, todo lo contrario en todo caso; la felicidad es puro movimiento, por ello, estancarse sólo hará aflorar circunstancias negativas. Ahora bien, reconocer que hay que cambiar de rumbo es el primer paso de un proceso que termina cuando se pierde el recuerdo o la visión interior del camino que se ha dejado. Cambiar de rumbo es difícil, no basta con reconocerlo, sino que hay que asumirlo. Y esto no es fácil. No. Tal vez ese cambiar de rumbo o camino es lo que algunos llaman aprender a fluir en la vida. Seguramente. Debemos entender que el lenguaje en su expresión escrita es un gran código de significado que no transfiere completamente los pensamientos. Fluir, cambiar, adaptarse, evolucionar, dar un giro a la vida, etc, etc, creo que significan lo mismo, aunque siempre quedan esos matices connotativos que le da el estilo. Así que el reconocimiento o la percepción del concepto semántico de cambiar de rumbo es también una herramienta para ser feliz. ¿ Se puede aprender y entrenar a reconocer o percibir? Creo que sí. Estoy seguro.
viernes 14 de mayo de 2010
SOLTAR LASTRE
Cuando queremos que un globo se eleve, soltamos lastre. Las emociones, y en cierto modo, la felicidad, en muchas ocasiones, se comporta como un globo. Hay momentos en los que sentimos que no avanzamos personalmente, y entonces, es el momento de soltar lastre emocional. Es lo mismo que arrojar la toalla. Pero, a veces, es inevitable. Y luchar contra lo inevitable no sólo es temerario, sino un craso error, y emocionalmente hablando, un billete a la infelicidad. Soltar lastre o arrojar la toalla no es una tarea fácil, porque nos lleva a enfrentarnos a una situación en la que nuestros sueños personales de progreso se ven truncados de alguna forma. Pero no es más un dilema de adaptación influido por la inseguridad social que arrastramos desde la infancia. La inseguridad es miedo, y el miedo, uno de los enemigos más severos de la felicidad. Tomar decisiones difíciles desde el punto de vista de las emociones va en contra de la propia naturaleza del ser humano individual. No queremos que nuestros sueños se malogren, y nos aferramos a ellos para sentirnos vivo. Sin embargo, aunque en general, tener sueños y perserguirlos es una vía para ser feliz, aferrarse a ellos cuando no se avanza, es todo lo contrario. La solución a tal paradoja es reorientar los sueños de forma que se acerquen a un logro más realista. Tal vez, modificando nuestros sueños ligeramente sea suficiente para avanzar sin tener esa sensación de vacío existencial que influyó en muchas épocas culturales. No creo que haga falta llegar al vacío del logro de los sueños, si aligeramos la carga convencional y social transmitida y nos centramos en el punto inquebrantable de nuestros deseos interno. Soltar lastre no significa arrojar toda la carga, sino la menos imprescindible y pesada. Arrojar la toalla no significa abandonar y perder la lucha, sino detener el fracaso y replegarse para volver a intentarlo cuando haya más opciones de triunfo.
miércoles 12 de mayo de 2010
CUANDO LA CORRIENTE TE LLEVA
Esta sociedad está llena de corrientes, en cierto modo, se parece al mar, llena de directrices convenientes o no. Cuando la corriente te lleva, lo lógico es dejarse arrastrar y no resistirse a su fuerza. Sin embargo, socialmente hablando, hacer esto y seguir las corrientes sociales sólo conlleva errores. El setenta por ciento de las personas son seguidores y van a donde se les lleve, y se preocupan más del mal ajeno que del bienestar propio. "Camarón que duerme lo arrastra la corriente". Y es que la incultura es un guía pésimo para atravesar las "Lagunas Estigias". Como ven estoy algo alegórico, pero ¿no les ha dado alguna vez la sensación de que todo lo que nos rodea es alegórico? La felicidad también. Cuando hay cruces de caminos y surge una encrucijada, todo lo que pensamos se vuelve alegoría, y el error fatal es creer que dejándonos llevar vamos a adelantar mucho. El sentido de la vida se parte a trozos y buscamos refugio en una algarabía miope con traje de Armani. Muchas veces me pregunto cómo creemos que podemos ser felices, y me doy cuenta de lo iluso y manipulable que es el ser humano. Ahora, inmerso en una inevitable crisis económica, la Coca Cola saca un estudio en el que se nos presenta, a los españoles, como los quintos, creo, más felices del Planeta. Me encanta el cinismo, pero en esta ocasión me toca los cataplines, por ser fino. Vivimos en una sociedad folklórica, en la que una peineta vale su peso en oro, aunque seamos analfabetos. Sí, algunos saben leer, pero no entienden nada, como las cotorras.
viernes 7 de mayo de 2010
EL SENTIDO DE LA VIDA
No hay nada mejor que perderse para después hallarse. No hay nada como una ducha de humildad. Y por eso como siempre, excepcionalmente, pongo un vídeo de la Monthy Pyton de la película "el sentido de la vida". Si no la han visto, se la recomiendo. Cuanto más capacidad tengamos de reírnos de nosotros mismos y de casi todas las cosas, creo, estaremos más cerca de la felicidad, porque ésta se comporta, a veces, como un desencuentro irónico. Sólo está el principio. Que disfruten.
lunes 3 de mayo de 2010
DESESPERANZA
Lo peor para divagar sobre la felicidad, la desesperanza, sin duda. Pero no se puede estar siempre dependiendo de la esperanza para que las cosas cambien, y cuando esto no ocurre, la desilusión hace mella en la conciencia. No corren buenos tiempos para ser optimista o tener esperanza, pero es que nunca ha habido tiempos optimistas o llenos de esperanza. Unos cuantos años engañados, y después, otros cuantos desengañados, todo se mueve en altibajos económicos, y siempre caemos en lo mismo. Nos hacen creer que somos una cosa, y al final, como somos otra muy distinta, nos derrumbamos. Tal vez sea ese el equilibrio de la Naturaleza. Pero la realidad es que hasta hace muy poco, muchos creían ser felices porque alardeaban del dinero que despilfarraban de forma fanfarrona, y ahora, no tienen un trapo ni para taparse las vergüenzas, pero los de siempre jamás, siguen igual. La desesperanza no va con ellos, porque surfean sobre las crestas de las crisis, una y otra vez. No hace mucho se hablaba de felicidad en todos lados, y se escribía sobre ella, y se estudiaba, y Coca Cola, creo, financiaba un centro para el estudio de la felicidad. ¡Qué buenos tiempos aquellos! Y sin embargo, ahora, parece frívolo elugubrar sobre la temática. Una y otra vez, una y otra vez, la desesperanza vuelve para recordarnos los estúpidos que somos. Sólo se trata de vivir tranquilo. Pero muchos se preocupan más por desear el mal de los demás a solucionar sus propios problemas. La envidia es el deporte de élite de la sociedad moderna. Y es desesperanzador darse cuenta de lo podrida que tienen muchas persona el alma. Los grandes corazones resaltan cuando corren malos tiempos. Pero si leen libros de Historia, siempre es lo mismo. Todo se reduce a las bajas pasiones del Hombre. Por eso, la desesperanza es el gran enemigo de la búsqueda de la felicidad, que no es otra cosa que la búsqueda la Verdad, o del Sentido de la Vida, llámenlo como les dé la gana, porque la esperanza alimenta, por no quita el hambre.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)