miércoles 30 de junio de 2010

¿POR QUÉ TU MENTE NO TE HACE CASO?

Alguna vez se habrán hecho esta pregunta, o parecida. Y no sé si habrán encontrado respuesta o respuestas a ella. No se lo tomen como si fuera una falacia, porque la pregunta puede estar camuflada en distintas preguntas como ¿por qué me pasa a mí? o ¿Estoy gafado? o ¿me merezco esto? o...ya pueden imaginar la gran variedad de preguntas que pueden entrelazar con la del título de este post. En cuanto a la respuesta, a nadie se le escapará la connotación de que parece ser que nuestra mente, para algunos será el inconsciente o el subconsciente, va como independiente de nuestros deseos. Por otro lado, habrán escuchado por ahí la expresión "cuidado con lo que deseas intensamente, pues tus deseos serán cumplidos" o la otra "cuidado con lo que sueñas, porque los sueños se hacen realidad". Esto viene a razón de que nuestra mente no nos hace caso porque no está educada o entrenada para ello. Desde niños vamos aprendiendo al libre albedrío, haciendo conexiones neuronales aleatorias influidas por factores internos, los sentimientos, sensaciones, la propia naturaleza animal del hombre, etc, y por factores externos como el entorno, el tiempo, el espacio, etc. Nuestra mente va formando sus propios parámetros de aprendizaje en proporción a la utilidad de adaptación al medio y al hábito inculcado. Ya hablamos de la plasticidad del cerebro y su capacidad de reestructuración neuronal. Nuestra mente es una sucesión de conexiones caóticas, no están guiadas, y el éxito de esas conexiones depende en gran medida de la genética y está influenciada por combinaciones infinitas de los mencionados factores internos y externos. Después de años funcionando de esta forma caótica de adquirir la información externa y procesando esta información influenciado por la perspectiva psicológica inculcada, qué esperan que pase. Pues, sencillamente, no es de extrañar que aparezca en la edad adulta conflictos entre los deseos personales y la forma que tiene nuestro cerebro de abordar esos deseos, inducida por años y hábitos subjetivos. Sin duda, reflexionar sobre por qué nuestra mente no nos hace caso en innumerables ocasiones, puede abrirnos caminos para aprender sobre nosotros mismos y comprender por qué, quizás, no estamos tan contentos con nuestra vida como quisiéramos.

lunes 28 de junio de 2010

LA PERSPECTIVA TEMPORAL

El Tiempo es como una persona, decía el Conejo Blanco de Alicia en el País de la Maravillas de Lewis Carroll, y no le faltaba razón, aunque no tomado al pie de la letra, claro está. Pero, si nos fijamos en las personas, en sus actitudes y comportamientos, en su forma de ser, en todo lo que es ella misma, y lo comparamos con la percepción que tiene esa persona de su sentido del tiempo, nos damos cuenta de que muchas personas que sienten el Tiempo como un presente continuo se comportan totalmente diferente de aquellos otros que, por ejemplo están siempre pensando en el futuro, o en el pasado. Ese sentido que se tiene del Tiempo marca, en cierto modo, la personalidad de cada uno. La pregunta inicial es ¿de dónde adquirimos ese sentido? Si fuera posible establecer una relación entre el sentido del Tiempo y la actitud social, indudablemente tendríamos una herramienta para la educación sorprendente, porque educar para tener una perspectiva temporal positiva es educar para una mejor sociedad. Estamos redeados de héroes anónimos, de personas que se rebelan contra la autoridad mezquina y actúan con conciencia, ¿y si pudiéramos saber como entienden el Tiempo? Los grandes dilemas literarios como el Amor, la Muerte, la Vida, el Placer...el Tiempo, como no, parecen ser los dilemas de la personalidad humana, y sin embargo, nos alejamos de ellos para profundizar en una educación tecnológica llena de vacío de conciencia, y nos centramos en una prosperidad basada en el egocentrismo social. Un amigo mío solía decir: ¡A las barricadas! y, aunque parezca un anacronismo, encierra en sí una gran actitud social. Han cambiado tanto los tiempos que los que adularon y proclamaron políticas como la Stalin o Fidel, ahora le critican, y otros que ni siquieran conocieron a Hitler y comparsa, ni sufrieron sus desvaríos consentidos, lo aclaman como vestigios de tiempos mejores. Tiempo, Tiempo, siempre el Tiempo. La perspectiva temporal (junto a la falta de memoria en el tiempo) es, sin duda, un elemento más para entender por qué algunos se sienten felices, y otros no.

miércoles 23 de junio de 2010

RESPONSABILIDAD

Saben que es la palabra más mencionada en los últimos cuatro meses. Pero, como también sabrán a estas alturas, cuando algunos quieren venderte algo, o lo que es lo mismo, intentan sugestionarte mencionando a todas horas y en todos los medios de comunicación la palabra "responsabilidad", mal asunto. Esta palabra se está convirtiendo en un mantra de tanto repetirla los políticos y la calaña de igual índole. Están dejando vacía de contenido a la propia palabra, porque la están ajustando a patrones cínicos e irónicos, la están politizando. Mal asunto. Malo. Con lo profunda y solemne que suena la palabra. Algunos piensan que repitiendo hasta la saciedad un mensaje subliminal pueden manipular a la opinión pública. Y Puede que sea así. Lo importante, es que esta palabra tiene mucho que ver, en mi opinión, con la felicidad, pero si se manipula el significado políticamente y se transforma en sinónimo de burla y de sarcasmo, ya no tendrá nada que ver con una herramienta más para detectar la felicidad, sino que se transformará en una palabra confusa llena de connotaciones sociales y políticas que nada tienen que ver con su significado. Cómo se puede decir que se es responsable cuando se está mintiendo, cuando se está haciendo lo contrario de lo que se propuso, cuando parece un "piropo de abuela" que no se creen ni quienes lo dicen. Y resulta que todos son responsables, hagan lo que hagan y perjudiquen a quien perjudiquen, haciendo creer que se cambia de actitud por responsabilidad y no por ineptitud. Si siguen así me van a "chafar" una muy bonita palabra. Y eso no sería responsabilidad, sino chabacanería. Alea jacta est(la suerte está echada, o en mi versión libre, maldita la suerte que tenemos).

domingo 20 de junio de 2010

PERSIGUIENDO SUEÑOS

Una de las cosas que diferencia a una persona feliz con otra que no lo es tanto, es el perseguir sueños. Otros lo llaman aprender a fluir, y otros de otra manera. Es lo mismo. Pero cuando uno lleva mucho tiempo persiguiendo sueños, se da cuenta de lo que ha aprendido, y que, lo que no ha aprendido, es todavía mayor. Se da cuenta de que nunca se está de vuelta, que siempre se está aprendiendo, que el camino es constante. Algunos dicen que la felicidad está en el camino, que se produce cuando estamos intentando conseguir algo que deseamos, y que cuando lo logramos, va perdiendo interés con el tiempo. Parece como las relaciones de pareja, que van transformándose desde el inicio pasional hasta el divorcio o el amor eterno. Quizás, entonces, la felicidad es amor, pero, ¡ay, amigo!, esta definición nos lleva a otra de igual o mayor envergadura, porque el amor sí que da para especulaciones. Podríamos decir que perseguir sueños abarca todo tipo de definiciones sobre la felicidad. Hay amuletos que se denominan "cazadores de sueños" en muchas y diferentes etnias antropológicas, tal vez porque la intuición humana es mucho más grandiosa de lo que creemos. Lo curioso es que los sueños están y se crean en el cerebro, así, se podría decir que la felicidad también. A estas horas de la madrugada lo más sensato es pensar que tengo sueño, y que perseguirlo es descansar, pero ¡qué diantres¡ -como diría un pirata de novelas románticas-, sea lo que sea me ha dado para un pequeño post, y de paso, enlazar con la filosofía del Tao, en la que lo importante para el aprendizaje de la dignidad humana es el Camino. El Tao es como un grandioso árbol de grandes raíces y ramas frondosas y de delicados frutos y espinas. Persiguiendo sueños nuestras posibilidades de ser felices, aumentan, sobre todo si no los alcanzamos. Buenas noches.
Gracias por los besitos de algodón de azúcar.

domingo 13 de junio de 2010

HABLANDO SE CONFUNDE LA GENTE

Uno de los hechos por los que en educación se atragante el estudio de la lengua y, por extensión, de la literatura es precisamente, enlazando con el post anterior "el escaso valor de las palabras" que las personas pueden encontrar fiabilidad sin ese 7 por ciento de palabras que se transmiten en un mensaje comunicativo, puesto que atendiendo al 93 por ciento representado por el tono y el lenguaje corporal se compensa esa fiabilidad social. El lenguaje se reduce a elementos puramente de diálogo superficial. No sirve para casi nada en la concepción del individuo social, por lo que resulta arduo estudiar una materia que, en una apreciación simplista e individual, no tiene una clara y evidente función de utilidad social. Es normal apreciar la importancia social de las matemáticas en la vida, de la arquitectura, la mecánica, etc, pero no del lenguaje. Sin embargo, con años, uno de los arrepentimientos mayores es, precisamente, no haber aprendido a leer y escribir bien, y es que, con los años, la experiencia y el aprendizaje de los intrincados de los convencionalismo políticos y sociales nos hacen ver que el conocimiento de ese 7 por ciento hubiera sido fundamental para haber superado ciertos impedimentos sociales, y reconcemos, por tanto, el error de no haber entendido por qué se hace tanto incapié en la importancia que tiene el lenguaje.

jueves 10 de junio de 2010

EL ESCASO VALOR DE LAS PALABRAS

Ya habré mencionado alguna vez que otra que, para mí, el lenguaje es más importante de lo que pensamos, y no comprenderlo ni aprenderlo nos limita la inteligencia social, al menos, que seguramente, también influirá en las demás inteligencias; y limitarnos la inteligencia social es como caparnos partes de la inteligencia emocional, y esto es una dificultad añadida para estar felizmente estables. Pero, además, cuando estudiamos el lenguaje emocional debemos partir de que, en un acto de comunicación, sólo se transmiten a través de las palabras el 7 por ciento del mensaje. Está comprobado y estudiado científicamente. Es curioso, verdad. Si sólo atendiéramos a las palabras, seríamos seres completamente desconfiados, y siempre estaríamos inquietos ante cualquier hecho de lucha social, tipo sexual, comercio, relacionado con la comida, etc, etc., cosa que podemos apreciar en las estructuras sociales de los animales. Igual que ellos tenemos que tener señales más fiables para tranquilizarnos y no estar constantemente en lucha, y efectivamente, en el resto de un mensaje en un acto de comunicación apreciamos que el tono de voz ocupa entre un 20 y 30 por ciento, y el resto del cuerpo humano, especialmente el rostro, entre el 60 y el 80 por ciento, esto significa que el 93 por ciento de un mensaje se transmite mediante comunicación no verbal.
Cuando hablo de la importancia del lenguaje emocional me refiero a esto mismo, a la apreciación de las estructuras del lenguaje semántico en sí mismo, del tono de voz y de las señales corporales. Estudiar lenguaje emocional no tiene nada que ver con la formación lingüística general de la gramática, sintaxis, semántica, lexicología, dialectología, etc., que ciertamente, su estudio profundo nos facilitaría muchos conceptos referidos a la lógica de ese importante, aunque aparentemente pequeño, 7 por ciento que se transmite en un mensaje comunicativo oral. Las palabras, por tanto, tienen un escaso valor dentro de un mensaje, pero en la globalidad representa un paso fundamental para el desarrollo social y humano.

lunes 7 de junio de 2010

VUELVE SÓCRATES

El aporte crucial de Sócrates, tal vez sea, la concepción del aprendizaje por medio del diálogo, claro que esta última palabra no debe de ser entendida con la acepción actual para el vocablo. Para Sócrates, el diálogo se correspondía con la interación de las ideas dentro de una actitud social y lógica. Y es el término "lógica" el que marca la diferencia filosófica de su concepto de aprendizaje. El diálogo está influenciado por la emocionalidad individualista la mayoría de las veces, y ésto, dificulta la interacción social y lógica para convertirse en una interacción social, sí, pero, no lógica, sino emocional e interesada. La inmensa mayoría de las veces, el diálogo no es más un conjunto de monólogos de ideas cerradas a la interacción social guiados por intereses partidistas. Pueden suponer cual es el resultado de todo esto: el fracaso dialéctico. Así hemos estado siglos y siglos, creyendo lo que significaba el diálogo socrático, pero actuando alejados de ese propio significado racional y lógico que encerraba esa lección filosófica de Sócrates. Lo interesante es que, tantos siglos después, la neurociencia ha retomado y demostrado la importancia de la interrelación social y el diálogo (entendido socráticamente) como elementos cruciales para el desarrollo del entendimiento y de la formación de estructuras cerebrales más eficaces para la adaptación al entramado de la vida en sociedad. Solos no vamos a ninguna parte, pero con monólogos intransigentes, tampoco. Sólo podemos avanzar si somos capaces de comunicarnos a través de un diálogo interactivo. Y es una lástima que tardemos aún siglos para que esta idea se extienda mundialmente. En ocasiones, pienso que, la crisis actual, simplemente ha venido originada por creer que mundialmente estábamos dialogando para mejorar globalmente, y solamente hacíamos monólogos interesados para mejorar indivualmente a costa de los demás interlocutores mundiales.

viernes 4 de junio de 2010

ATAR CABOS

Para tener un cerebro en forma, es más importante la calidad de las conexiones sinápticas que el número total de neuronas. Esas conexiones se pueden desarrollar con el entrenamiento cerebral. Pero, para mí, lo interesante es que, en la felicidad, las conexiones cerebrales entre neuronas es igualmente más importante que el hecho de tener una "gran cabeza". Y de esta idea se llega a que, de la misma manera que se puede desarrollar la sinapsis neuronal con el entrenamiento, la felicidad puede desarrollarse igualmente, con entrenamiento. Sólo hay que "atar cabos" para comprender por qué, unas, algunas o muchas veces, nos sentimos infelices. Simplemente por que se nos escapan emociones que no podemos conectar. La sinapsis neuronal es, en criterio de felicidad, lo mismo que decir sinapsis emocional. Lo complicado de todo este planteamiento, sin embargo, es que aún no hay una conclusión práctica y científica sobre los ejercicios idóneos para este entrenamiento, ya sea neuronal o emocional. Se sabe que cierto ejercicios cerebrales modifican la estructura sináptica del cerebro, pero, no está claro la influencia general sobre los procesos cotidianos de estos ejercicios de entrenamiento cerebral. En todo caso, ejercitar el cerebro no va a perjudicarte, es más, tal vez sirva para que te sientas más feliz.

martes 1 de junio de 2010

EL CEREBRO SOCIAL

Hasta ahora se pensaba que una persona podía aprender sola, sin una interacción social, porque ésta no era determinante para el aprendizaje. Sin embargo, resulta que el aprendizaje es social e interactivo. Se aprende mejor las lecciones si las imparte un ser humano que una máquina. Distinguimos emocionalmente. La educación está entrando en el mismo dilema en el que entró la Psicología cuando apareció la neurociencia. Los psicólogos comprendieron por qué su disciplina casi nunca era aceptada como una rama científica. Vino la neurociencia y demontó muchas de las grandes y profundas teorías supuestamente científica de la Psicología. Y comprendieron que el camino de esta disciplina pasaba por la alianza con la neurología y la neurociencia. A partir de aquí, la Psicología ha crecido como disciplina científica. Así, de igual manera, la Educación tiene que avanzar como disciplina y entender que no puede alejarse de la neurología, la neurociencia, la psicología moderna, ni puede perder de vista conceptos como la meditación o la neuroplasticidad cerebral. En mi opinión, la educación se ha clavado en un fango de ideas didácticas y metodológicas anquilosadas en pensamientos educativos obsoletos y sin validez, que ha quedado al descubierto en cuanto la sociedad se ha vuelto estructuralmente más compleja. A nadie se le escapa que la Educación está fallando a "grosso modo", sin aceptar unánimente que hay que avanzar y aceptar los grandes retos educativos con una modernización dirigida hacia los aportes científicos de la neurociencia, que sin duda, empiezan a tener y tendrá una gran influencia en la Educación.