martes 16 de agosto de 2011

INCÓGNITAS

Sería muy difícil de creer si decimos que somos nosotros mismos. Es casi absurdo. Somos únicamente influencias sensoriales. Nuestro cerebro interpreta el mundo según la información que le llega y cuándo le llega. Con esto dos parámetros se crean un infinito de pensamientos. Creo que nunca sabremos quienes somos. Ya hemos resuelto la primera incógnita de la eternidad. Por cierto, que coincide con lo dicho con Sócrates ("sólo sé que no sé nada"). ¿A dónde vamos? ¿Importa realmente eso? No. No lo creo. Creo que es la información la que nos crea, y al mismo tiempo, nos destruye. Algunos filósofos de la antigüedad pensaban que el ser humano nacía hueco y que iba llenándose de lo que veía y sentía. Eso es información. Lo difícil es la interpretación y la coherencia de ella. Cuanto más coherente es uno más antisocial parece. Asimismo, no es lo mismo leer cuando uno es niño que cuando ya no es tan niño. Y en eso influye la plasticidad infantil frente a la adulta, algo más rígida. Por eso la educación infantil es básica. Y por eso mismo hemos llegado a una educación no humanista creada por intereses de Estado. Si han llegado hasta aquí se habrán dado cuenta de las inconexiones de las ideas de los conceptos resumidos, y de su aparentemente incoherencia. Aunque, ahí está la cuestión, están conectados y cohesionados entre sí en su lejanía significativa. La idea del post se refiere a un concepto del antiguo Oriente. No hay una filosofía única para todos los pensamientos, sino que existe tantas filosofías como pensamientos puedan surgir. Lo interesante es el momento. Cada momento reflexivo tiene un pensamiento, y éste, infinitas y sutiles interpretaciones. De ahí el progreso. Una persona no es nihilista ni existencialista, ni estoico, ni epicúreo, ni platónico, ni racionalista, ni... porque haga juicio determinados para determinados pensamientos. Una persona es todo eso al mismo tiempo. Pero si la información que nos influye es parcial, aparecerá la "tendencia a ser..." El ajedrez, por ejemplo, no se creó como juego de guerra, como algunos creen y se considera cierto. Nació para enseñar que cada persona es infinita en sus pensamientos y conceptos interpretativos sobre una misma cuestión. Y surgió la estrategia y la táctica, y la dialéctica filosófica. Y la guerra tomó estos conceptos y adoptó el juego como referencia, indentificándose con él. Lo importante que nos enseña el ajedrez está en el propio proceso de pensamientos para poder jugarlo. Es como la vida misma. Y como la guerra misma. Hay muchos libros que tratan sobre la vida y el ajedrez, o sobre el arte de la vida y de la guerra. Y qué tiene que ver la felicidad con todo esto. Nada. ¿Alguien "sabe" qué es la Felicidad?

4 comentarios:

Pablo dijo...

Pienso que ese cambio en la educación se debe empezar a dar, y de hecho se está dando desde muchas esferas, así sea poco a poco por el momento. La educación desde temprana edad nos permite avanzar años y años pues las personas crecerían cada vez más con menos limitaciones mentales

Tita la mas bonita dijo...

¿La felicidad?, ¿La Maestría del Amor?

¿Un Besito marino?

Govinda dijo...

Nosotros no sabemos nada de la felicidad, pero la felicidad sabe una cosa de nosotros: polvo sois y en polvo os convertiréis. Nosotros sólo sabemos una cosa: no sabemos nada.

Somos seres trágicos (ni nos falta ni nos sobra nada). Esto es un Misterio y los misterios no hablan. Dependemos de la gracia y la misericordia. Esa es la lección que sólo unos pocos han entendido y que han sido mandados al ostracismo porque la sociedad huye como del diablo de la verdad.

Abrazos,

Anónimo dijo...

¿En nombre de qué quejarse y sufrir? ¿Qué suponemos del universo cuando somos infelices? ¿Qué suponemos del universo cuando pretendemos estrechar entre las manos la felicidad o el cuerpo que encarna la esperanza? El nacimiento, el sol, la forma de los cuerpos, la sociedad civil, el aire y la muerte no nos indican nada.

"Las tablillas de boj de Apronenia Avitia"

Pascal Quignard