miércoles, 5 de octubre de 2011

DE ANSIEDAD VA LA COSA

En España ha aumentado el consumo de ansiolíticos. No me extraña. En el planeta también. No me extraña. Por culpa de la crisis. No me extraña. Y podría seguir así durante muchas líneas más, pero ya captan la idea. La maldita crisis global nos va a dejar el sistema inmunitario como un colador. La sensación de no tener futuro es estresante. Lo malo es el tiempo que siga así, y sin hacer un análisis del otro mundo, va a ser para bastante tiempo. Pero se tiene que vivir, y esto pasa por una dura reorganización externa e interna, individual y colectiva, de nuestros pensamientos y actuaciones. No se puede vivir como hasta ahora, pero esa incomodidad que nos han hecho sufrir ciertos sectores económicos y políticos, deberían asumirlas también ellos. Cada uno a su manera, pero siendo exigente con nuestros derechos y con nuestras obligaciones. La ansiedad es patrimonio de todos los humanos, no sólo de los pobres y los arruinados. El estrés no tiene que pasar de puntilla sobre las clases acomodadas, y por ello hay que exigir que cumplan, y agobiarlos si hace falta para que sea así. Ese debe de ser nuestro derecho. La felicidad toma extraña formas a veces, y esta es una de ellas. Podemos inflarnos de ansiolíticos si queremos, pero eso sólo ayuda a las farmacéuticas. Más de lo mismo. Además quién sabe si ese dato es real o "lanzado" para la ocasión, para que consumamos más de esas prodigiosas píldoras de la felicidad sintética. Parece una jodida teoría de la conspiración, por algo mis amigos me llaman "Fox Malder". Aparte del chiste fácil, no me extraña absolutamente nada que la salvación de las grandes farmacéuticas sea, paradójicamente, el consumo de las drogas para olvidar que venden en época de crisis (y ésta es mundial). Deberían ser gratis, al menos, por la putada que nos han hecho.