Muchas personas se empeñan en vivir vidas que no son la suya. Eso les da esperanza emocional, pero no felicidad. Para muchos vivir la vida de otros es un clavo ardiente al que se aferran para evitar caer en el negativismo que conlleva en muchas ocasiones aceptar la vida que nos ha tocado. Pero la vida es limitada, y cuando nos damos cuenta de ello, para muchos es ya algo tarde, aunque más vale tarde que nunca. Vivir la vida de otro evidencia el deseo de ser feliz, pero al mismo tiempo, el temor de querer serlo, de sentirse culpable por intentarlo siquiera. A mismo tiempo también es verdad que esta sociedad propicia esa culpabilidad desde la infancia y la educación infantil. ¿Por qué creen que funciona la "prensa rosa"? Cuando se nos identifican a los ídolos a los que debemos seguir (y de una forma borreguna)nos atacan al desamparo emocional inevitable del pensamiento humano. Siempre ha sido así, desde la antigüedad. Vivir la vida de otra persona es igual que querer alcanzar la felicidad de esa persona. Es una utopía. O una distonía mental. Querer ser y no poder es uno de los tópicos de la literatura dramática para crear la base de personajes antiheróicos y patéticos, que jamás alcanzan la felicidad. Vivir otras vidas es un querer y no ser, pero no significa lo mismo que vivir otros mundos. La diferencia está en la imaginación. Vivir otras vidas no es nada imaginativo, ni quiera valiente, por muchos sacrificios se haga para lograrlo.
5 comentarios:
Muchísima razón.
Vivir otra vidas es merecerse el siguiente epitafio: "Aquí yace..... que murió a los 30 y lo enterraron a los 80"!
Un Besito Marino
te leo
Nosotros vivimos, todas las vidas,somos el presente, que venimos del pasado del pasado del pasado del pasado.
siempre se es.
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