La felicidad no es estar bien cuando todo va bien, más bien sería estar lo mejor posible cuando todo va mal. Sin embargo, nuestra economía se basa en estar bien y alardear de felicidad cuando estamos en tiempos de bonanza, y quejarse y echar la culpa a los que creyeron, en ese pavoneo alegre y libertino que llamaron felicidad, cuando estamos en crisis. Toman a la masa social, en el buen sentido del concepto, como si fuéramos estúpidos. Y hubo un tiempo en que la manipulación informativa y cultural hacía eso posible. Ahora, ellos mismo han creado el agujero en el huevo para que salga el polluelo con la creación de internet y las redes sociales. La información y la cultura comienza a no ser tan influyente y manipulada, y éste es el comienzo para dejar de ser estúpidos y anodinos socialmente. Recuerdan aquello de comparar a la masa social con borregos. Eso comienza a cambiar con la liberalización de la información. El cuarto poder está deteriorado y ha dejado entrever su partidismo y su apego colaboracionista con el poder. Como en un sueño, hicieron creer que el estado de hombre era la búsqueda de la felicidad. Eran tiempos en los que la globalización se convertía en un paradigma triunfador. Dónde está ahora ese Instituto de la Felicidad de Coca-Cola. La masa social no es estúpida, pero sí algo ingenua y frágil psicológicamente, porque se moviliza por instintos y sentimientos. Es un tanto bipolar. Tan pronto está alagando a sus ídolos como los quema en la hoguera minutos después, sin juicio siquiera. Y una ejecución pública errónea, se convierte en un "yo no he sido" o "yo nunca he dicho eso". El estado del hombre es la lucha. El anhelo de éste, la paz y la felicidad. Como en un sueño. Estar bien cuando las cosas van mal, esto es la gran lucha, pero mucho me temo que esta economía social sólo nos llevará a convertirnos si creemos en ella, como ya intuyen muchos científicos, en una sociedad depresiva.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada