sábado, 5 de noviembre de 2011

CON LA EDAD LA SOLEDAD SE ACRECIENTA

Todo aquel que quiera intentar ser feliz, debería saber que el título de este post refleja una realidad de la que no podemos escapar. Con la edad, la soledad y la nostalgia van minando nuestras arrugas. Divina juventud. La cuestión es que también con la edad llega "la cuenta presentada". Cuanto más tiempo en soledad, si no hemos sabido pensar en nosotros mismos durante los años atrás, esos pensamientos nos llegarán. Ser feliz también está ligado a saber estar en soledad, y a ser nostálgico. La felicidad forma parte de nuestro interior, y no hay pastillitas para evitar tener que pensar en uno mismo y en su entorno. Para muchos es cuestión de química, y si bien es cierto que en determinados estadios concretos, cuando nuestra mente se desboca desmesuradamente, la química pueda contener al cerebro, simplemente representa una tregua de lo inevitable, tener que afrontar la realidad que nos enseña nuestro cerebro. La felicidad tal vez se encuentre detrás de ese muro de contención que evita que nos volvamos loco. Ya ni siquiera haya que ser coherente en pensamiento, sino tan sólo dominar los profundos laberintos de sentimientos, de sensaciones y razonamiento erróneos inducidos que puedan desembocar en una perversa depresión, que curiosamente, con la edad también se acrecienta el riesgo de padecerla, igual que, con el tiempo, se tiende a creer que uno no puede cambiar, y a querer que esto sea así, limitándonos nuestra propia naturaleza, que no es otra que la de avanzar. Los neanderthales nunca atravesaban el mar a no ser que pudieran ver tierra al otro lado, pero los cromagnones se adentraban en él aún sin ver tierra, lo que explica su expansión por los continentes en su afán de avanzar. Somos hijos de los cromagnones, pero con la edad parece que deseemos comportarnos como los neandertales, porque al fin y al cabo, todos los hombres mantenemos un porcentaje genético de estos últimos, porque se mezclaron, como ha demostrado la ciencia.

1 comentarios:

Cris dijo...

Con el paso de la vida todo adquiere otros matices si se ha ido aprendiendo a conocer. Vale la pena, aunque duela hay momentos dulces para sentir e intentar transmitir.
Un abrazo
Cristina