sábado, 19 de noviembre de 2011

ENTRE DOS AGUAS

Ya se habrán dado cuenta de que la felicidad se maneja entre dos aguas. Nuestras decisiones se enfrentan diariamente a peligrosas corrientes que nos pueden llevar muy lejos de ella. Así que cada decisión cuenta. La felicidad depende únicamente de nuestras decisiones y actitudes. Y entre ambas se va forjando nuestro universo interno. Y de éste, finalmente, todas nuestras tribulaciones y entramados emocionales. Nuestra felicidad está ahí escondida en miles de millones de neuronas entrelazadas entre sí, y no hay rincón en el que cualquiera de nuestras vivencias pueda esconderse eternamente. Siempre estarán ahí, más o menos aparente, pero siempre ahí. Y pueden surgir en cualquier momento por cualquier asimilación psicológica o emocional. La cuestión es saber nadar. LLámenlo como quieran, porque también a mí me gusta llamarlo saber fluir. El lenguaje es de una complejidad tan inmensa como lo puede ser el entramado social, y por ende, el del propio problema de hacer una definición del concepto de felicidad. No se puede ser feliz sinceramente en aguas mansas, aunque pretendamos constantemente amansar las aguas. La corriente está ahí. La comprensión de la felicidad se puede tornar una Torre de Babel llena de desentendimientos y falsas analogías. No hay una decisión fácil, sino un entramado de consecuencias que nos pueden arrastrar lejos de ésta a cada acto y decisión. Y supongo que es el conocimiento de nosotros mismos, junto a la experiencia intuitiva interior, lo único que nos puede servir de guía.

1 comentarios:

Cris dijo...

El agua fluye, uno se ahoga y otro flota. Conociendo o sin conocer...
Creo que el conocer nos posibilita en principio un grado de libertad y con ella un suspiro hacia la felicidad.
Cristina