El pensamiento que tenemos de nosotros mismos es casi siempre alentador. "Comernos el mundo" no es un pensamiento de juventud, sino del ser humano en general. Es una cuestión de supervivencia. Con el tiempo uno se da cuenta de que el mundo es más grande de lo parecía para comérselo. Con más tiempo, uno se va asentando en la comodidad mental, física y social, si esa ha sido su suerte. La perspectiva temporal va como poniendo las cosas en su sitio, un poco más allá, más "pa cá", muy lejos o muy cerca. Es apreciación, simplemente. El error surge cuando creemos que podemos dominar la situación sin haber estudiado la situación en sí misma, y sin contar con las posibilidades y pensamientos de otras personas involucradas en la propia situación. Es decir, que sentimos que somos superiores a otros pensamientos nada más que en nuestra mente, sin haber analizado el contexto ni a las personas. A veces pensamos que sabemos más que los demás, pero la diferencia entre la prepotencia y el autojuicio intelectual es el grosor de un cabello cano. No se sabe más del mundo por la inteligencia o el talento mental, sino por la experiencia vivida en él. Ya saben, "más sabe el Demonio por viejo que por Demonio". Y subestimar al contrario casi siempre lleva a la perdición, o como menos a estar comprometido más de la cuenta. La felicidad no da tregua para que la alcances, más bien parece que intente alejarse a cada instante; cuando más cerca se nos aparece, más lejos tiende a irse. La felicidad, como casi muchas cosas en la existencia, depende mucho de los detalles, y la diferencia entre hacer un autojuicio de nosotros mismos realista o crearnos un prejuicio lógico es sencillamente eso, un detalle a tener un cuenta.
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