Toda influencia emocional deja su huella en nuestro cerebro, en el pensamiento, aunque tengamos una gran capacidad de liberar esas toxinas emocionales, como les llamo. A pesar de todo, con el tiempo se van acumulando hasta desembocar en las llamadas "crisis existenciales", que tradicionalmente se han asociado a la edad, "la crisis de los 30, los 40, etc. Cuando llegan estas supuestas crisis, el cerebro entiende que tiene que liberar esas toxinas porque son vitales para continuar. A cada crisis se corresponde una reacción de vida. Pero, emagínense a aquellos que no tienen un buen sistema de liberación de toxinas. Siempre andarán en medio crisis, y sobre todo, acumulando demasiadas toxinas emocionales. Cada cierto tiempo, el reloj biológico va marcándote retos emocionales ("las crisis") y si se llega con demasiadas toxinas, se puede pasar mal. Si añadimos al sistema emocional los procesos de los biorritmo naturales, nuestra emocionalidad se ve constantemente atacada por esos tóxicos mentales. Su origen es externo, relacionado con el entorno social y cultural, pero van penetrando en nuestro interior y creando raíces que pueden llegar a ser muy profundas y arraigadas al pensamiento. No hay una varita mágica para crear un buen sistema de desintoxicación, ojalá. Pero no. Todo depende de nosotros, de nuestra capacidad de introspección emocional. Tal vez eso es lo que deberíamos pedir a Papa Noel, Santa Clous o los Reyes Magos por Navidad, un buen sistema de desintoxicación. No olviden que todo, al fin y al cabo, es un juego de engaños que se asemeja a una película de espía, en donde nada es lo que parece, sólo que aquí, descubrir al "topo" es acercarse a la felicidad.
2 comentarios:
MUY bueno
Excelente.
Para colocarlo en un lugar donde mirar todos los días.
A vivir.... este día, el próximo.
Un abrazo
Cristina
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