La felicidad tiene algo de engaño. La conciencia admite ese engaño, y nos encontramos entonces con que el fin justifica los medios. Algunos pensarán que eso no es felicidad porque se basa en un engaño. Pero la actuación y percepción de nuestro cerebro también es engañosa, y tal vez, la felicidad sea un engaño más del cerebro. Y saben aquello de "quien engaña a un ladrón tiene cien años de perdón". Pero, ¿se puede engañar a la conciencia? Pues sí, se puede. Los neurólogos consiguen hacer desparecer el dolor fantasma de un miembro amputado mediante un simple engaño de espejos, haciendo creer a nuestra mente que el miembro amputado existe, aunque no sea así. Y nuestra mente acepta ese truco en su conciencia. Un mago, delante de nuestras narices, es capaz de hacer que nuestra percepción nos engañe y no comprendamos qué ha pasado. Quien quiere creer se predispone a dejarse llevar por la ilusión de la magia. Y esto es lo mismo que hacemos con respecto a la felicidad. La conciencia tiene puntos ciegos en su percepción, y por qué no utilizarlos a nuestro favor. Quizás ser feliz pasa por entender que todo en sí es un engaño de nuestra conciencia. Piensen en qué es la seducción, el hipnotismo, la sugestión, o incluso, la filosofía, o la psicología. Pero parece que funciona. ¿Por qué no vamos a aceptar engañar a un tramposo como es nuestro cerebro?
Buscar la felicidad es un árido camino lleno de obstáculos.La mayoría de ellos se hayan en nosotros mismos.
domingo 27 de febrero de 2011
sábado 19 de febrero de 2011
ACCIÓN Y REACCIÓN
Todos tenemos problemas emocionales, no lo duden. La cuestión es cuánto reflexionamos sobre esos problemas. El sistema de comunicación también nos sirve para lo emocional. Si se dan cuenta, tenemos los mismo actores, es decir, tenemos el mensaje emocional, el emisor, el receptor, un código, contexto, etc, pero con la diferencia que el emisor y el receptor pueden ser actuantes o lingüísticos, y pueden no estar coordinados, y al mismo tiempo, lo más seguro, en el caso de conflictos, no tener el mismo código, o descodificar la información emocional de diferente manera y comprensión. Como actuante, el emisor quiere obtener con su acción una reacción determinada que le satisfaga emocionalmente, y si el receptor se la da, se produce la satisfacción emocional. Esta satisfacción es comparable al efecto de un potente estimulante. Así, las personas van afianzando un sistema de acción y reacción emocional. El conflicto emocional surge cuando, o bien desde un principio no hay correlación emocional entre emisor y receptor, o bien, en la mayoría de los casos, cuando la satisfacción emocional decae por enquilosamiento del proceso. El emisor, que al mismo tiempo espera una reacción satisfactoria, suele repetir el proceso por necesidad, alejándolo de la reflexión del mismo, y el recepto, que al mismo tiempo emite la reacción, suele cansarse de la situación, y voilà: el conflicto. No obstante, es el receptor el que sí que puede reflexionar sobre el proceso y alterarlo. Piense en un niño, por ejemplo, que entendiendo los gritos de los padres como proceso de atención, busque esos gritos para sentirse atendido. El resultado es un niño a la larga descontrolable. Evidentemente la emocionalidad de un niño no es tan compleja, al menos hasta cierta edad, como las de los adolescentes o los adultos. Si los padres reflexionaran sobre el proceso, tal vez se darían cuenta de ello, y podría redireccionar la necesidad de atención que tiene el niño hacia una definición del comportamiento más adecuada. Pero, y siempre hay un pero, si fuera fácil reflexionar sobre el proceso emocional, entonces, no existirían los psicólogos, coaching, pedagogos, filosófos, etc., y ahora, eso sí, reflexionar sobre el proceso nos puede dar a entender claves importantes para ser más estables emocionalmente, y acercarnos, por así decirlo, a esa quimera tan profunda que encierra la palabra felicidad.
lunes 14 de febrero de 2011
EL DÍA DE LOS NEGOCIOS, EL AÑO DE LA ESPERANZA
Hoy es uno de esos días de los que llamo de los negocios. Después de la cuesta de enero no hay nada mejor que comenzar a llenar las arcas. El día de los enamorados. El día en que, por ejemplo, los franceses y los españoles no gastamos los cuartos en comprar chorradas que nos hacen creer que somos más sensible en materia de amores. Y la verdad que es un acierto. Por una vez al año, parece que no nos importa ser más atentos y galantes. ¡Ah, cómo se ha perdido el galán de antaño! Pero, oye, no nos pasemos, sólo un día al año. Ya me habré ganado la etiqueta de "hereje". Pero sigamos. Un día más para el negocio mundial, el de las flores o los diamantes, para el caso es lo mismo, aunque me resulta curioso que muchos "agrios" seamos capaces por unas horas de comportarnos de la única forma por la que se puede llegar a ser feliz. Mañana, nos olvidaremos de eso, y seguiremos por la misma senda que nos hace anodinos y triviales sentimentalmente hablando. Todos los días deberían ser el día de los enamorados, o el de los amantes de Teruel, o de cualquier otro lugar del mundo, aunque sea remoto. La capacidad del hombre para ser cínico consigo mismo es abrumadora. Y sin embargo, todo es tan normal. Pero no es así, porque hoy también, un día más, los pueblos árabes se acuestan soñando que podrán vivir mejor. Éste, es para mí el año de la Esperanza social, de la lección de la lucha que Occidente había perdido hace décadas. Algunos deben de estar tan temorosos con la situación de Túnez, Egipto, Yemen, Jordania, Argelia, etc, como eligiendo una "picardía" para su mujer o amante. Todo ronda alrededor de la misma idea, de la esperanza humana para luchar, un día de los enamorados o varias semanas por una supuesta mejora social. Israel debe de estar acojonada, como todos los países que tienen intereses comerciales en esos lugares, igual que si me presentara delante de mi novia con un ramo de rosas rojas. Son situaciones explosivas. Y sin embargo, nos hacen un poquito más felices.
martes 8 de febrero de 2011
"SÓLO QUIERO DECIRTE QUE TE QUIERO"
¿No lo han sentido? Ese escalofrío que recorre la espina dorsal sólo con leer el título del post. Eso es lo que nos han enseñado siglos de evolución social. El cerebro ha aceptado la idea axiomática de que lo sentimientos no son útiles para la supervivencia social. Se acuerdan de aquello de "cara de póker". En esta sociedad al que deja entrever sus sentimientos se le considera débil e inoportuno. Ahí está la base del puro machismo, del Hombre Impertérrito, de la Nueva Fémina. Y nuestro cerebro cree en ello. Los sentimientos en las personas parecen ser peor que la peste bubónica, o el sudor ánglico, o la gripe española, o...Volvamos al principio. Cuanto mayor sea el repelús que han sentido a leer el título del post, más lejos se encuentran de la felicidad, porque a ésta sólo se puede llegar a través de los sentimientos. Nuestro cerebro nos engaña, y este es uno más de sus engaños. Sólo atravesando nuestros propios sentimientos podremos llegar a donde queramos ir, pero para ello debemos expresarlos con naturalidad y confianza. Guardarlos para sí es sólo para depredadores sociales, para almas vacías que sólo buscan la Verdad en la supremacía racial y social, en el poder, en la discriminación sexual, en el abuso, en la intolerancia y la incultura, etc,etc. La belleza y la felicidad sólo pueden apreciarse por la sinceridad emocional, como el placer de sentirse bien, que no es el puro placer físico... "¡Me está entrando mucho repelús!". Aquí me quedo.
martes 1 de febrero de 2011
21 GRAMOS
Eso es lo que algunos piensan que pesa el alma. Otros simplemente creen que es el aire de los pulmones que se pierde del cuerpo cuando uno muere. Parece ser que la evolución va paralelo a ambas ideas, a la de creer que el alma existe por sí misma, y la de no creer que sea así. Y unos poquitos no descartan ni una ni otra. Yo, entre estos últimos. Saben, en los test psicotécnicos de personalidad, siempre ponen preguntas intermedias, pero si contestas muchas se ese tipo, los analistas de esos test te rechazan porque no pueden evaluarte. Lo sé por experiencia. Pero lo que es indecisión para ellos, y te hacen pensar que no es positivo, porque ellos quieren una personalidad determinada, y fuera de esto, lo demás no es positivo socialmente, porque buscan una sociedad si no elitista, si particular, no es tal cosa. Después de más cinco horas haciendo test de este tipo, un "psicologillo" me suelta tal patraña. Indudablemente, me descartaron. Pero creo que es enfermizo que te quieran limitar porque no pueden encasillarte en un absurdo perfil personal tan subjetivo como el color del agua del mar. Por eso, desde hace mucho tiempo, cada vez que me doy cuenta de que no se me puede entender, casi me alegro. La comunicación entre las personas no tiene nada que ver con la comprensión de la ideas. Y es aquí a donde quiero ir a parar. La mayoría de las personas piensan que sus ideas son mejores que las de otros, simplemente porque creen que son suyas (cosa que habría que descartar por completo: la inmensa mayoría no tenemos ideas nuestras). Y se enfrentan por ellas. Es absurdo. Así, ¡qué más da que el alma pese o no pese! Ya lo sé. Algunos si consiguieran demostrar que el alma pesa, es que existe, y lo mejor para ellos, que está fuera del cerebro. Si fuera de este modo, la revolución humanista sería tal, que la ciencia perdería cierto sentido como ideología social. A veces, algo tan aparentemente con poco peso como 21 gramos, puede mover completamente el Universo soñado por el hombre. Pero, ¿por qué no puede estar el alma en el cerebro? ¿Y, por qué tienen que llegar hasta la muerte para que esto no sea así?
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