lunes 29 de agosto de 2011

CUESTIÓN DE ESENCIAS

Todas las personas tienen una esencia que emana al exterior a través de códigos sensoriales, y que se captan a través de los sentidos. Desarrollar nuestros sentidos hará que apreciemos mejor esas esencias personales. Los objetos son receptores de esencias personales, por lo que retienen en el tiempo miles de esencias que pueden ser percibidas por otras personas. Los códigos sensoriales marcan la comunicación humana. El lenguaje es un código más, que al mismo tiempo tiene sutiles microesencias. Esas son esencias que influyen en nuestra psicología interna. La teoría de las esencias es muy compleja porque esencias puras, microesencias y supraesencias (esencias implantadas socialmente) se entremezclan. Los primeros párrafos del post sólo nos indica las casi infinitas líneas de trabajo que abre la teoría. Y la felicidad, sencillamente, es una esencia pura, aunque rara vez se da en esta forma, sino que la mayoría de las veces, se ve interferida por variantes de esencias (no sólo están las microesencias y las supraesencias, sino que existen tantas como influencias de esencias). Sí, yo también me pierdo. La cuestión es que nuestros sentidos se desarrollan parcialmente dependiendo de múltiples factores psicosociales, y se convierten en defectos o talentos, según se aprecie su utilidad social. Y de aquí a la discriminación social sólo hay un paso. Apartamos o atraemos hacia nosotros las esencias que percibimos menos afines o más afines. Y ahí trabaja nuestro inconsciente. Cuanto mayor entendimiento se da entre sentidos y consciente, nuestro inconsciente mejor interpretará esas esencias. Esta cuestión de esencias abre muchos caminos para la interpretación de formas sutiles de comunicación e inteligencia como podría ser el instinto, la experiencia, o la creatividad, o la propia locura. Esto no es un tratado de disertación. Es una simple exposición abierta a cada cual, a la interpretación de cada pensamiento individual, el único que puede alcanzar una felicidad relativa. Y tal vez, la educación, debería ir encaminada hacia búsquedad. El conocimiento sólo es útil si conduce a la felicidad.

jueves 25 de agosto de 2011

NECESITAMOS PENSAR QUE HAY ALGUIEN MÁS AHÍ FUERA

Se acuerdan de aquello de "la verdad está ahí fuera". Resume perfectamente la necesidad del ser humano para creer que tiene que existir "algo" que haya creado todo lo vemos y sentimos, que lo controla todo, es todopoderoso y omnisciente. Y muchos, creyendo esto, son felices, o creen ser felices, porque unos y otros están mezclados. Pero en todo caso, sugiere ser una felicidad inventada en la que unas personas guían los pensamientos hacia el entendimiento de algo que se necesita interiormente para soportar, a veces, esta mezquina superviviencia entre ricos, pobres y muy pobres: la espiritualidad. En mi reducida comprensión, sólo llego a ver, en el mejor de los casos, palabras vacías de humildad, llenas de soberbia. El hombre no es más que 1% diferente a otros seres vivos como el chimpancé. Por eso es tan inquietante "El Planeta de los simios", porque nos asusta que nuestra felicidad sea de otro ser que no sea el humano. Y cualquier religión tacharía eso de egoísmo. Somos ingenuos si pensamos que la verdad existe, o que hay "un director de orquesta" de la Vida. Sí es cierto, tiendo al nihilismo. Pero ya lo he escrito otras veces, que la felicidad es un insodable abismo que está en nosotros, en nuestro cerebro, lo que hace creer a muchos que Dios está en el cerebro. Pero en realidad, no está en ningún sitio. Ojalá fuera tan fácil. Llevamos siglos matándonos y seguimos en ello por una quimera. En el Universo es inevitable por probabilidad que haya otras formas de vida inteligente, pero si nosotros mismos no hemos podido evitar exterminarnos por una idea de superioridad, ¿por qué otros seres van a respetar nuestra vida, si pueden esclavizarnos, exterminarnos, expoliarnos, o, simplemente comernos? ¿No hos hemos comido y matado entre nosotros? Podemos seguir pensando que hay alguien más ahí fuera que nos guía si eso nos hace felices, pero, sincesaramente, no creo que eso se convierta en realidad jamás.

domingo 21 de agosto de 2011

IN MEMORIAM

La semana pasada una persona me hizo recordar a cierta otra persona. Pero, hasta que me di cuenta de este detalle, mantuve unas sensaciones extrañas, profundas y lejanas que me llegaban de una memoria que diría ancestral. Esas sensaciones me llevaban a lugares antiguos que ya creía olvidados. El subconsciente demuestra una vez más que no existen las cuentas pendientes, aunque creamos que las hemos enterrado en hormigón. Pero, para ser justo, diré que el subconsciente no entiende de negativo o positivo, simplemente actúa sobre nuestros más recónditos recuerdos y los aflora inconscientemente. Quizá esté ahí la felicidad, en esa "Memoria" que nos lleva por sendas y caminos o bien oscuros, o desérticos, o bellos y placenteros, o... Quizá la felicidad o la tristeza sólo sea la cara y la cruz de las sensaciones de antaño acumuladas en nuestro subconsciente que adquiere formas extensas y dispares que conducen a infinitas interpretaciones. Lo cierto es que durante esos días estuve desconcertados, pero al mismo tiempo alegre y sutilmente embargado por unas sensaciones agradables y placenteras. Tal vez, todos tengamos razón, y la felicidad sea todo aquello que cada uno cree que es, porque los caminos de la Naturaleza son insondables. Nuestro subconsciente, igual que te juega malas pasadas, te guía hacia momentos extraordinarios. Pero, ¿y si nos pudiera llevar hasta momentos que no fueron vividos por nosotros, sino por nuestros antepasados? Por qué no pensar o creer que nuestro subconsciente puede guardar en esa memoria ancestral sensaciones y sentimientos y transmitirla genéticamente entre generaciones.
IN MEMORIAM R. P. C. G

martes 16 de agosto de 2011

INCÓGNITAS

Sería muy difícil de creer si decimos que somos nosotros mismos. Es casi absurdo. Somos únicamente influencias sensoriales. Nuestro cerebro interpreta el mundo según la información que le llega y cuándo le llega. Con esto dos parámetros se crean un infinito de pensamientos. Creo que nunca sabremos quienes somos. Ya hemos resuelto la primera incógnita de la eternidad. Por cierto, que coincide con lo dicho con Sócrates ("sólo sé que no sé nada"). ¿A dónde vamos? ¿Importa realmente eso? No. No lo creo. Creo que es la información la que nos crea, y al mismo tiempo, nos destruye. Algunos filósofos de la antigüedad pensaban que el ser humano nacía hueco y que iba llenándose de lo que veía y sentía. Eso es información. Lo difícil es la interpretación y la coherencia de ella. Cuanto más coherente es uno más antisocial parece. Asimismo, no es lo mismo leer cuando uno es niño que cuando ya no es tan niño. Y en eso influye la plasticidad infantil frente a la adulta, algo más rígida. Por eso la educación infantil es básica. Y por eso mismo hemos llegado a una educación no humanista creada por intereses de Estado. Si han llegado hasta aquí se habrán dado cuenta de las inconexiones de las ideas de los conceptos resumidos, y de su aparentemente incoherencia. Aunque, ahí está la cuestión, están conectados y cohesionados entre sí en su lejanía significativa. La idea del post se refiere a un concepto del antiguo Oriente. No hay una filosofía única para todos los pensamientos, sino que existe tantas filosofías como pensamientos puedan surgir. Lo interesante es el momento. Cada momento reflexivo tiene un pensamiento, y éste, infinitas y sutiles interpretaciones. De ahí el progreso. Una persona no es nihilista ni existencialista, ni estoico, ni epicúreo, ni platónico, ni racionalista, ni... porque haga juicio determinados para determinados pensamientos. Una persona es todo eso al mismo tiempo. Pero si la información que nos influye es parcial, aparecerá la "tendencia a ser..." El ajedrez, por ejemplo, no se creó como juego de guerra, como algunos creen y se considera cierto. Nació para enseñar que cada persona es infinita en sus pensamientos y conceptos interpretativos sobre una misma cuestión. Y surgió la estrategia y la táctica, y la dialéctica filosófica. Y la guerra tomó estos conceptos y adoptó el juego como referencia, indentificándose con él. Lo importante que nos enseña el ajedrez está en el propio proceso de pensamientos para poder jugarlo. Es como la vida misma. Y como la guerra misma. Hay muchos libros que tratan sobre la vida y el ajedrez, o sobre el arte de la vida y de la guerra. Y qué tiene que ver la felicidad con todo esto. Nada. ¿Alguien "sabe" qué es la Felicidad?

jueves 11 de agosto de 2011

CUANDO SUEÑO CON UN RELOJ DE ARENA

De pequeño, recuerdo que soñaba mucho. Toda clase de sueños. Y sin saberlo, fui comprendiendo de estos, están conectados con nuestras emociones, sensaciones y vivencias cotidianas, y algunos, con algo un poco más allá de todo ello. Algunos, son como respuestas a nuestras ansiedades, otros, simple desahogo. La variedad es cuantiosa, y su distinción difícil. Una pesadilla no tiene que ser algo referido a lo negativo. Puede ser un aviso o un alivio. Y un sueño placentero puede llamar a la muerte. La cuestión, curiosa, es que tiene unos patrones que se repiten, ya sean en imágenes, o como sensaciones. Después, leí a Freud y a Jung, a Arthur Machen, Lovecraft, a Platón, Plotino, Aristóteles, Petrarca y Dante entre otros; leí sobre sueños y soñadores, y aún sigo haciéndolo. Realmente, el mundo onírico es un gran espectáculo del arte intuitivo y ancestral, que puede llegar, muy a menudo, a producirnos temor. Cuando sueño con un reloj de arena, sé que van a producirse cambios determinantes a nivel externo e interno. Y sé que es irremediable y hay que adaptarse. Pero, como a casi todos nos suele ocurrir, los cambios representan cierta incomodidad. Alguien comentaba que no debería preocuparnos lo que ocurre fuera. Y eso estaría bien, pero me parece que lo que ocurre fuera nos determina por dentro. Preocuparnos no debería ser la cuestión, sino entender el efecto que va a producir en nosotros. Que cambie lo externo es irremediable e incluso ocurre constantemente, pero la influencia que estos encierran para nosotros, no lo es tanto. Por eso, cuando sueño con un reloj de arena, no es preocupación lo que me trae, sino, añoranza de lo que cambia. Cambiar no es negativo ni positivo, simplemente es una variable. Tampoco indica velocidad ni lentitud. Todo ocurre en su tiempo, aunque, si el cambio fuera brusco, éste sí sería más negativo por la incomprensión que lleva añadida. Para mí, esto ocurre cuando tengo otro tipo de sueños. Puede que todo esto parezca "simplón", pero funciona. Y para otros supongo que también. Es incómodo saber que se cambia sin saber el resultado. Y ahí llegamos, porque la felicidad no es estática como algunos creen y les lleva a intentar controlarlo todo para no perder esa sensación de felicidad. La felicidad es dinámica, pero en eso dinamismo, mantener las sensaciones de la felicidad es más complicado. La felicidad navega por grandes ondulaciones cambiantes, y hay que saber (como ya habrán leído en otros post), fluir sobre ellas sin ahogarnos.

domingo 7 de agosto de 2011

PIANO...PIANO

Es hora de ir despacio. De no precipitarse. ¿Por qué? Porque todo se precipita, se acelera, cae como una losa fúnebre sobre nuestras emociones; porque nos invaden con truculentas noticias que nos causan una ansiedad irremediable. Porque caemos en la vorágine y el torbellino depresivo en el que quieren que vayamos a caer. Por eso es hora de ir despacio. De pensar más, y sobre todo mejor. Tenemos que alejar nuestra energía, que dispersarla en los objetivos que hemos marcados y no en los que nos quieren marcar. No es hora de huir, de correr, ni de estarse quieto, porque estas circunstancias no nos van a librar de los devoradores de mentes, de los depredadores de ideas humanistas, de los impunes especuladores sociales. No es hora de creer en imaginarias conspiraciones de poder ni en movimientos revolucionarios que no dicen nada, y que siguen teniendo la idea de la imposición de criterios para vivir. Los revolucionarios terminaron muertos o convertidos en fragantes burgueses de "donde dije digo, digo diego". Trabalenguas para no confiar en pseudos pijos y mequetrefes incultos de tres al cuarto con una filosofía barata llena de una estúpida grandiosidad. Nunca se volverá a dar la sinceridad de un "Mayo del 68", al menos en Occidente. Todo lo contrario, estamos construyendo más "Muros de Berlín" con nuestra propia ignominia. Volvemos a emigrar como en la "época dorada", sólo que ahora somos ingenieros, científicos, investigadores, etc. Hasta la emigración ha pasado por un proceso de selección social. Piano...piano. No debemos caer en la tentación de pensar que los Estados cuidan de nosotros. Nadie cuida de nosotros. Por eso debemos saber y ver dónde pisamos, por eso es hora de ir despacio. Hay demasiadas ideas nocivas pululando como noticias para poder ser feliz. Hay que descuartizar esas ideas y no dejarse llevar por la truculenta ideología general de masas. Hay que aislarse para encontrar afines, y eso se hace fluyendo más despacio para que la multitud se vaya alejando, y dejen verlos.