viernes 30 de septiembre de 2011

LA PELOTA EN EL TEJADO

A los políticos le ha caído una pelota ardiente en el tejado. y no saben cómo quitársela de encima. Es lo obvio. Pasa la pelota. Pero, en tiempos difíciles, es cuando hay que hacer relucir el talento por el que se suponen que se les paga. Pero no. ¡Pasa la pelota! La ineficacia es fruto de la irracionalidad y la estupidez. Pero por qué tenemos políticos de esta guisa. La pelota en el tejado tiene que ver con la felicidad, porque, es como la táctica del avestruz, que esconde la cabeza cuando se asusta y no puede huir. No veo, no pasa nada. Pero sí, sí pasa. En tiempo de "personas capaces", nos encontramos con personajillos mediocres que entiende la felicidad en relación al poder que puedan ejercer de forma despótica y no la capacidad que deben tener. Este no es un post político, no se engañen, simplemente es la envoltura de un concepto, que trasladado a nivel personal o individual, suele llevar al desastre emocional. La pelota en el tejado representa ese miedo visceral que nos inunda cuando se nos pide cierta responsabilidad que no estamos dispuesto a tomar por miedo. Y la felicidad, en cierto modo, depende de esa responsabilidad. Cuando tenemos la pelota en el tejado, aunque sea de fuego y ardiente, debemos intentar cogerla a pesar del riesgo a quemarnos. Alguien dijo que no hay felicidad sin dolor, y no se refería al masoquismo aunque lo parezca, sino a que, a veces, sólo se puede llegar a la felicidad a través del valor, que no la temeridad, asumido de una forma sincera. Trasladado a un entorno político y social, ahí tienen la crisis mundial. Nadie quiso ver lo estaba delante de sus ojos, y como asustados avestruces esperaron, escondiendo sus cabezas, a que alguien ( ¡vaya tú a saber en quien estarían pensando!)les salvara el culo. Y esa postura es muy humana.

lunes 26 de septiembre de 2011

¡CUÁNTO DOLOR TENGO, DOCTOR!

Hasta ahora, el dolor parecía algo relativo, inmedible. Y el pobre doctor sufría por descifrar de forma efectiva cuánto dolor tenía un paciente. Un gran número de éstos se explayaban en su poco aguante, como si el mundo se fuera a caer por un dolorcillo de nada. Y el pobre doctor, sudaba. ¿Será verdad que le duele tanto? ¡Si sólo se ha dado un golpecito con el martillo! En fin, el doctor ya no tendrá que sudar más. Una nueva herramienta utiliza patrones de actividad cerebral a través de una especie de resonancia magnética procesada por medio de un complejo algoritmo matemático determinará el dolor térmico. La incomunicación real de las sensaciones del dolor son tan indeterminadas como sujetos hay, si bien, es sabido que los jóvenes y los ancianos tienen más dificultad para ello. Otra cosa será si se podrá determinar de qué tipo de dolor estamos hablando, ¿puntual, crónico, piscológico?, etc. La ciencia de la neuroimagen ya está aquí, y los avances para la sociedad son incuestionables. Ahora bien, ¿podremos acceder todos a esta tecnología, o por ser pobre y vivir en crisis, tendremos que sufrir los recortes sanitarios extendidos (en los países que los hay, claro) por el ansia avariciosa de los grandes magnates del dinero? Mucho me temo que, los pobres todavía, durantes unas décadas más, iremos al doctor pretendiendo que sea adivino o que tenga una varita mágica al estilo de Harry Potter que mida nuestra sensación de dolor. Y si no, quedaremos embargados por los costes del uso de tal tecnología para siempre.

miércoles 21 de septiembre de 2011

APRENDER A ENGAÑARSE A SÍ MISMO

Todos nos engañamos a nosotros mismo en algún momento. Es inevitable. La realidad, que no es lo mismo que la verdad, es demoledora tarde o temprano a lo largo de nuestra vida. Siempre habrá un tiempo determinado en el que aquella se muestra con toda su crudeza. Y para que ésta no nos devore, necesitamos un mecanismo que nos cubra, nos enturbie, nos nuble la visión real, nos protega contra ella, que nos haga fluir sobre ella, o como quieran llamarlo o denominarlo. Sin embargo, un exceso basta para perder la noción de la razón y perdernos en un laberinto que nos aleja del propósito de intentar ser feliz. La protección del "engaño" debe ser una transparente película, que aún protegiéndonos no nos aleje de la realidad en sí misma. Cuando esto no ocurre, comenzamos a ser destruido por nuestra propia razón. Habrán oido aquello de "la razón puede crear monstruos". Y esos monstruos en forma de ideas nocivas y alejadas de nuestra realidad nos guían hacia la depresión y la falta de esperanza. La depresión será el mal del siglo XXI, sin duda. Y si tenemos en cuenta que ese "engañarse a sí mismo" se potencia con el estrés, porque nos hace vulnerables mentalmente, tenemos todos los ingredientes para no ser feliz, idea que muchos científicos manejan como innata: el hombre no ha nacido para ser feliz. Aducen que el hombre no está preparado para ello mentalmente. Pero, eso, habrá que verlo, no creen.

viernes 16 de septiembre de 2011

NADIE PUEDE DEVOLVERNOS NADA

Nadie puede devolvernos nada de la inocencia que perdimos en nuestra infancia. Da igual lo que pensemos, aunque no da igual de donde provenga ese pensamiento. La influencia. Nuestros pensamientos no parten de nosotros, sino de nuestras influencias. Si determinamos nuestras influencias, determinaremos nuestros pensamientos. Éstos son sencillas tendencias conceptuales necesarias para nuestra adaptación al mundo. Éste puede gustarnos o no, pero en él nos movemos. Las influencias parten de la experiencia, física, conceptual, intelectual y espiritual. Con ello creamos una amalgamas de conexiones para sostener nuestro mundo interior. A cada desilusión, un parche inconsciente. A cada pérdida de ingenuidad infantil y juvenil, una justificación mental para una negativa experiencia. Sumen negativos y añadan algunas lecturas o conocimientos justificatorios. Voilà. No es así de fácil, por supuesto. No hay de lo que no se pueda hablar, aunque no sepa de lo que se habla. Lo peor es intentar hacer de guía espiritual de razones basadas en malas experiencias. Cual es la razón verdadera, la de uno o la de otro. Y a pesar de que puedan ser más o menos coherentes y defendibles científicamente o espiritualmente, sólo son coherencias. Nadie puede devolvernos nada ni nadie que se haya ido, a no ser que sea a través de los recuerdos. Nuevamente, surge la memoria como soporte vital. ¿Y a los niños les quieren hacer que no memoricen? Ah, no. Quieren que razonen. Y qué razón es posible sin memoria. El análisis. Pero éste no es la razón en sí misma. La razón abarca un ámbito tan amplio como pueda hacerlo la felicidad. Y la felicidad es un ente infinito.  

lunes 12 de septiembre de 2011

ENTRE DESESPERANZAS

No hay que ser muy listo para darse cuenta de que nuestro ánimo, por así decirlo, sufre altibajos, como si surfearan entre ondulaciones emocionales. Muchos lo llaman biorrítmos. Cuando esas ondulaciones son muy elevadas o bajas, surgiría la euforia o la depresión. Es una forma elegante de expresar la idea de que nos movemos entre periodos de esperanzas y desesperanza emocionales. Es una lucha constante entre nuestros deseos y sus logros, entre el subconsciente y el consciente. Pueden expresarlo como quieran. ¿Somos seres existencialistas por naturaleza? La conciencia es algo que nos encumbra hacia el éxito natural, pero tiene efectos secundarios que "las Ciencias" intentan destripar para avanzar social y emocionalmente. Expresar la idea de creer en un ser del más allá porque el ser humano no merece confianza, ¿qué significa? No sé si es que hace tiempo que perdí la fe, o la esperanza de entenderla. Si me apuran diría que me perturba no ser creyente, o de flirtear con el nihilismo casi más abrupto. Pero sólo si me apuran. Mientras, prefiero divagar constantemente para evitar cualquier duda razonable que pueda empañarme los ojos y la visión, aunque ya no valgan para creer, porque los imágenes son tan manipulables de una forma tan creíble, que no se puede expresar aquello de "creo en lo que veo"; incluso si es en directo puede ser engañoso. Se acuerdan del Quijote y sus molinos de viento. Algunos nos dicen que todo está en creer, y sólo creo que es un modo comercial más. Uno no puede decir "creo", y ya está. Tiene que haber algo más para que eso ocurra, y tal vez sea que esas ondas biorrítmicas sean planas y estén elevadas del eje central. Otros, más prudentes, consciente de que ello supone una controversia emocional, lo expresan, igual que ya se ha mencionado aquí, con el término "fluir". También podríamos decir "saber surfear emocionalmente". Pero en definitiva, simplemente es fluctuar o moverse entre épocas de esperanzas y desesperanzas de la conciencia.

martes 6 de septiembre de 2011

TODO EMPEZÓ CON UNA IDEA

Cuando Copérnico expuso su idea de un Universo heliocéntrico allá por 1543, y a pesar de no demostrarlo él mismo, el mundo comenzó a cambiar. En los que se consideran siglos oscuros (400 d.c. hacia 900 d.c. aprox.) e incluso, en la Edad Media (900 d.c. hacia 1400 d.c. aprox.) la desconfianza del Hombre hacia el propio Hombre y su futuro invadió Europa. La teoría de las estrellas de Tolomeo de Alejandría que inducía a una explicación de un Universo que giraba alrededor de la Tierra centró la filosofía hacia un mundo monoteísta y hermético. Se puede decir que Copérnico abrió el camino al nacimiento de la Ciencia. La peste bubónica, el sudor ánglico, la guerras feudales y religiosas devastaron las tierras y a sus habitantes. También es un caldo cultivo. Y la imprenta de Johannes Gutenberg. Y La caída del último vestigio de la cultura romana, Constantinopla, hacia 1453, que originó un éxodo masivo de intectuales que transmitieron la casi olvidada cultura científica y filosófica griega e hizo incipiente el Humanismo. El mundo comienza a moverse, como diría Galileo. Es esta época convulsa en la que se forja el gérmen de la "Búsqueda de la Felicidad", cuando la Ciencia rompe con el declive filosófico de una civilización perdida tras la decadencia y final del Imperio Romano, transmisor secundario de las ideas helénicas. Son muchos los acontecimientos que aquí se obvian y que fueron determinantes, pero valga la idea general. Y la única base para que todo ello ocurriera fue una idea intuitiva, que según parece, es más elegante. La elegancia suele ser un factor influyente en la Ciencia. Siglos de tradición se desmoronan en unas cuantas décadas, y ya el Mundo no será como era. La Ciencia irrumpe como contrafuerte de la poderosa religión. La fe se vuelve innominiosa e irrespetuosa con los herejes. Se hace ver y creer que ambas tendencias son irreconciliables, o la Fe o la Ciencia, Conmigo o contra mí. Y esa falacia creó la infelicidad y la guerra, que nuevamente, siglos después, a pesar de muchos filósofos de intentar aunarlas,  abre Europa a una nueva desesperanza social...pero, eso es otra historia.

viernes 2 de septiembre de 2011

LOS PROCESOS DEL ALMA

Algunas filosofías, sobre todo las enlazadas con las civilizaciones antiguas, creían que el alma iba vagando de cuerpo en cuerpo después de la muerte hasta conseguir la plenitud y poder viajar hacia Dios. Así, debía pasar por una serie de procesos o estadios, y superarlos, para poder avanzar. El alma inmortal pasaba de vida en vida, en una especie de transmutación etérica hasta poder llegarse a fundir con el creador o creadores del Universo. Y fue tan profunda el arraigo de estos pensamientos que, creo, aún mantienen grandes multitudes de adeptos a tal idea. Algunos hasta han dispuesto el peso de 21 gramos para esa esotérica ánima que llena nuestra conciencia. Y todo ocurre porque no hemos conocido otros seres vivientes más inteligente que nosotros. La felicidad es tan esotérica como el alma. Y también tiene sus procesos, e incluso, puede que sean los mismos, porque puede que alma, o felicidad sea lo mismo, o que la infelicidad sólo sea un vínculo temporal dentro del proceso hacia la plenitud. O simplemente, puede que no. Tratar sobre aspecto vitales tan sutiles hace que la "duda razonable" dé al traste con todo lo podemos llegar a pensar al respecto. Alguien dijo que había que mirar hacia el principio de todo y repasar los procesos hasta el desenlace para autentificar que no hay deterior lógico en la premisas establecidas. Pero, resulta, que siempre hay deterioro lógico en dichos procesos, y siempre salen a la luz, aunque pasen siglos. La sociedad no hace infeliz al hombre, porque el hombre es infeliz en sí mismo, porque no está creado para ser feliz, sino para sobrevivir. No hay culpables ni filosofías ni religiones, por muy sugerentes que parezcan, que tengan la llave para ser feliz o no serlo. Ni mucho menos, poder para condenar por serlo o no serlo. Nuestro triunfo como especie se debe a nuestra socialización, pero, todo lo que lo rodea, incluso el lenguaje, hacen referencia a ello. Alguien pregunta si se puede vivir sin medir o comparar. Se puede y no se puede, depende del lugar en el que quieras estar. Si el alma es transmutable, da igual que midas o no midas o compares. Si no lo es. También da igual. Si el alma es igual a la felicidad, también. Y si la felicidad es otra cosa, puedes medir y comparar, puesto que no hayarás un medida numérica pitagórica.