viernes 25 de noviembre de 2011

DUDAR DE TODO

Dudar de todo te hace concebir el tiempo más pausadamente. Esta concepción temporal influye a la hora de la percepción que podamos tener sobre la felicidad. Sin duda, quien tiene prisa termina confundiendo la felicidad con el éxtasis momentáneo que pueda aportar cualquier experiencia placentera. Pero de igual manera, esa sensación de felicidad será efímera, y a acciones repetidas sobre idénticos hechos, más rápida pérdida de sensación de placer. De ahí que las personas mayores sean más propicias a creer que son felices, a medida que su criterio temporal va alargándose en la rutina. Para los jóvenes, en cambio, el tiempo parece que se esfuma. Todo parece tardar una eternidad, y la paciencia no suele ser, precisamente, una cualidad de la juventud. Alguien dijo que "todo concepto, abstracto o no, que no se ve ni comprende, sólo tiene respuesta en el cerebro". Sólo la muerte física, que no la espiritual (cuya concepción y percepción también estarían en el cerebro), sería un hecho totalmente empírico, en relación a la conciencia humana. Así, las personas que dudan de todo suelen considerarse más felices, aunque para algunos simplemente representen un síntoma de falta de confianza. Sea como fuere, la duda impide que reacciones de forma inmediata y aboca a una irremediable reflexión de casi todo. ¡Falta de seguridad! Probablemente. Sin embargo, el proceso de la felicidad, como muchos otros, está relacionado con la reflexión. Quien sabe si muchos de esos mal llamados inseguros emocionalmente tan sólo son reflexivos, porque hemos de suponer que no todos los que dudan sean personas inseguras. El control de las emociones parte de la duda constante, sin que se llegue uno a convertir en "un mar de dudas". Ya ven, todo da para hacer un juego dialéctico mediocre en torno a la duda, y sin embargo, es uno de las herramientas más sutiles para sentirse más feliz, porque la duda no tiene que ser imprescindiblemente innata, que parece serlo en algunas personas, sino que puede aprenderse a usarse en beneficio propio. Habrán oído hablar de eso de "desaprender", y creo que es simplemente una expresión para invitar a cultivar la duda, que nadie dice que deba de ser razonable o no, puesto que éste es un concepto muy, pero que muy relativo, y como se ha demostrado a lo largo de los siglos, muchos de los grandes avances de la Humanidad surgieron de la duda, del cuestionamiento de lo establecido, de lo percibido y de lo concebido como inmutable racionalmente.

sábado 19 de noviembre de 2011

ENTRE DOS AGUAS

Ya se habrán dado cuenta de que la felicidad se maneja entre dos aguas. Nuestras decisiones se enfrentan diariamente a peligrosas corrientes que nos pueden llevar muy lejos de ella. Así que cada decisión cuenta. La felicidad depende únicamente de nuestras decisiones y actitudes. Y entre ambas se va forjando nuestro universo interno. Y de éste, finalmente, todas nuestras tribulaciones y entramados emocionales. Nuestra felicidad está ahí escondida en miles de millones de neuronas entrelazadas entre sí, y no hay rincón en el que cualquiera de nuestras vivencias pueda esconderse eternamente. Siempre estarán ahí, más o menos aparente, pero siempre ahí. Y pueden surgir en cualquier momento por cualquier asimilación psicológica o emocional. La cuestión es saber nadar. LLámenlo como quieran, porque también a mí me gusta llamarlo saber fluir. El lenguaje es de una complejidad tan inmensa como lo puede ser el entramado social, y por ende, el del propio problema de hacer una definición del concepto de felicidad. No se puede ser feliz sinceramente en aguas mansas, aunque pretendamos constantemente amansar las aguas. La corriente está ahí. La comprensión de la felicidad se puede tornar una Torre de Babel llena de desentendimientos y falsas analogías. No hay una decisión fácil, sino un entramado de consecuencias que nos pueden arrastrar lejos de ésta a cada acto y decisión. Y supongo que es el conocimiento de nosotros mismos, junto a la experiencia intuitiva interior, lo único que nos puede servir de guía.

sábado 5 de noviembre de 2011

CON LA EDAD LA SOLEDAD SE ACRECIENTA

Todo aquel que quiera intentar ser feliz, debería saber que el título de este post refleja una realidad de la que no podemos escapar. Con la edad, la soledad y la nostalgia van minando nuestras arrugas. Divina juventud. La cuestión es que también con la edad llega "la cuenta presentada". Cuanto más tiempo en soledad, si no hemos sabido pensar en nosotros mismos durante los años atrás, esos pensamientos nos llegarán. Ser feliz también está ligado a saber estar en soledad, y a ser nostálgico. La felicidad forma parte de nuestro interior, y no hay pastillitas para evitar tener que pensar en uno mismo y en su entorno. Para muchos es cuestión de química, y si bien es cierto que en determinados estadios concretos, cuando nuestra mente se desboca desmesuradamente, la química pueda contener al cerebro, simplemente representa una tregua de lo inevitable, tener que afrontar la realidad que nos enseña nuestro cerebro. La felicidad tal vez se encuentre detrás de ese muro de contención que evita que nos volvamos loco. Ya ni siquiera haya que ser coherente en pensamiento, sino tan sólo dominar los profundos laberintos de sentimientos, de sensaciones y razonamiento erróneos inducidos que puedan desembocar en una perversa depresión, que curiosamente, con la edad también se acrecienta el riesgo de padecerla, igual que, con el tiempo, se tiende a creer que uno no puede cambiar, y a querer que esto sea así, limitándonos nuestra propia naturaleza, que no es otra que la de avanzar. Los neanderthales nunca atravesaban el mar a no ser que pudieran ver tierra al otro lado, pero los cromagnones se adentraban en él aún sin ver tierra, lo que explica su expansión por los continentes en su afán de avanzar. Somos hijos de los cromagnones, pero con la edad parece que deseemos comportarnos como los neandertales, porque al fin y al cabo, todos los hombres mantenemos un porcentaje genético de estos últimos, porque se mezclaron, como ha demostrado la ciencia.

martes 1 de noviembre de 2011

COMO EN UN SUEÑO

La felicidad no es estar bien cuando todo va bien, más bien sería estar lo mejor posible cuando todo va mal. Sin embargo, nuestra economía se basa en estar bien y alardear de felicidad cuando estamos en tiempos de bonanza, y quejarse y echar la culpa a los que creyeron, en ese pavoneo alegre y libertino que llamaron felicidad, cuando estamos en crisis. Toman a la masa social, en el buen sentido del concepto, como si fuéramos estúpidos. Y hubo un tiempo en que la manipulación informativa y cultural hacía eso posible. Ahora, ellos mismo han creado el agujero en el huevo para que salga el polluelo con la creación de internet y las redes sociales. La información y la cultura comienza a no ser tan influyente y manipulada, y éste es el comienzo para dejar de ser estúpidos y anodinos socialmente. Recuerdan aquello de comparar a la masa social con borregos. Eso comienza a cambiar con la liberalización de la información. El cuarto poder está deteriorado y ha dejado entrever su partidismo y su apego colaboracionista con el poder. Como en un sueño, hicieron creer que el estado de hombre era la búsqueda de la felicidad. Eran tiempos en los que la globalización se convertía en un paradigma triunfador. Dónde está ahora ese Instituto de la Felicidad de Coca-Cola. La masa social no es estúpida, pero sí algo ingenua y frágil psicológicamente, porque se moviliza por instintos y sentimientos. Es un tanto bipolar. Tan pronto está alagando a sus ídolos como los quema en la hoguera minutos después, sin juicio siquiera. Y una ejecución pública errónea, se convierte en un "yo no he sido" o "yo nunca he dicho eso". El estado del hombre es la lucha. El anhelo de éste, la paz y la felicidad. Como en un sueño. Estar bien cuando las cosas van mal, esto es la gran lucha, pero mucho me temo que esta economía social sólo nos llevará a convertirnos si creemos en ella, como ya intuyen muchos científicos, en una sociedad depresiva.