Con edad uno se va dando cuenta de que el alejamiento emocional en ciertos temas forma parte de la adaptación a una sociedad incongruente y, en algunos momentos cruel y despiadada. Pero así son las cosas. La justicia social es relativa. Ese elejamiento nos lleva a una insensibilidad creciente, y valga la redundancia, acrecentada por los medios de información y los intereses inmiscuidos dentro del cuarto poder. Esa es la desafectación emocional, el alejamiento emocional como protección al entorno. Si no siento, no tengo dolor. Es una ingeniosa propuesta cerebral para no afrontar el entendimiento de la realidad en sí misma, porque nos acercaríamos a un pesimismo lógico producido por la incapacidad para superarla. Todos nos desafectamos emocionalmente en mayor o menor grado. En el grado más desafectados se encontrarían los psicópatas y los sociópatas, en el menos, los depresivos (en todas su variantes). La desafectación emocional crea una falsa identidad emocional en la que se culpa a cualquier agente externo social para justificar la insensibilidad que surge, pero al mismo tiempo, esa justificación es tan profunda, que nos hace sentir, de una forma extraña, una especie de falsa felicidad interna. Y es por ello que funciona bien en algunos aspecto, porque nos aporta cierto grado de seguridad emocional ante el entorno. En estas fechas, la desafectación emocional flaquea como válvula de control. ¿No se han preguntado por qué es la época de más campañas publicitarias de causas sociales? Casi el 85% de la recaudación total de las ONG'S humanitarias se realizan en estas fechas. Nadie es más lista que el "Hambre". A grandes insensibilidades, grandes remedios.
He dejado este pequeño post para el último día del año. Mañana, será otro día ,y podremos empezar intentando ser más positivo y valiente emocionalmente, como propósito. Saludos a todos y ...FELIZ AÑO 2012.