domingo 15 de enero de 2012

CUANDO NO NOS DAMOS CUENTA DE QUE SOMOS FELICES

A nuestro cerebro no le gusta la rutina. Lo atrofia. Pero, a veces, no nos damos cuenta detrás de unas sencillas rutinas se esconden ciertas trazas de felicidad. Nunca han oído aquello de "nunca se sabe lo uno echa de menos ciertas cosas, hasta que las abandona y no las tiene", pues, esto es algo semejante. Alteramos ciertas costumbres que se basan en nuestra postura y decisión de lo que queremos o de lo que creemos que nos satisface, simplemente porque esa monotonía nos parece que nos hace infelices. En muchas de esas ocasiones, estas alteraciones no tienen ninguna consecuencia que no sea asumible, pero otras, puede llevarnos a la ruina emocional. Nuestro cerebro se comporta en ciertos momentos como un ente perverso, que parece no poder soportar que estamos tranquilos y estable emocionalmente. La vida es complicada, con grandes altibajos, pero cuando te deja un tiempo tranquilo, ahí está nuestro cerebro para decirnos que no estamos contentos, que tenemos que movernos y avanzar, o cambiar de actitud. Y lo hacemos; sin darnos cuenta de que tal vez nuestra vida cambie para siempre y terminemos deseando lo que un día tuvimos y ya no. El cerebro tiende a la inercia, pero la vida siempre pretende que estemos alerta, y cuando aparece lo que podíamos llamar una época de relax, el cerebro nos lo presenta como si fuera puro tedio o monotonía. Y nos castiga haciéndonos creer que es nuestra culpa, fijándose en todo aquello que nos rodea que justifique su razonamiento. Muchas veces creo que nuestro cerebro es un ente extraterrestre o algo parecido que nos ha abducido y nos ha hecho su esclavo al mismo tiempo que nos hace creer que somos nosotros lo que decidimos sobre todo lo que nos incumbe. Pero, sin duda, he visto muchas películas y he leído muchos libros de ciencia ficción y de terror, así que, sinceramente, espero que no tenga por buena esta apreciación o parecer. Bromas aparte, al ser humano nos resulta incómodo el silencio y la soledad como la inactividad y la tranquilidad. Las anhelamos, sin duda, en ciertos momentos, pero cuando la alcanzamos, ya no nos atrae demasiado. Decir que la felicidad está en el camino y no en el fin podría ser un axioma salido de este pensamiento. ¿Por qué tendemos a despreciar lo que ya hemos conseguido en pro de algo que se nos muestra inalcanzable? Menos mal, que la edad, nos va poniendo en nuestro sitio, y aún así, un escorpión siempre será un escorpión.

2 comentarios:

David del Bass dijo...

Esta muy bien el blog, no lo conocía hasta ahora, me pasaré más a menudo a leerlo. Aprovecho para felicitarte el 2012, un saludo!!

wig dijo...

Gracias por pasarte. Saludos